Nepal en bicicleta IV

Y aquí la última parte de Nepal.

En la calurosa tarde de mi 33 cumpleaños, camino a Chitwan para hacer el curso Vipassana me rapé el pelo en una peluquería por 80 rupias. Fue muy divertido y liberador. Ya hacia dos años de la primera y última vez que lo había hecho, también antes de un curso Vipassana y echaba de menos esa sensación. Me ayuda a interiorizar más y es como un nuevo comienzo.

Llegamos al centro por separado porque yo tuve que arreglar la rueda a la que le faltaban unos cuantos radios. Todo por no hacer caso a mi compa que me dijo que lo cambiara desde que se rompió el primero. Llega un momento que se van rompiendo todos en cadena. Pero por mucho que alguien que ya ha pasado por ahí te diga cual es el camino correcto, a veces es necesario cometer errores para entenderlos y aprender de ellos.

Me ofrecieron ser manager de estudiantes pero tenia muchas ganas de sentarme en el curso, ya hacía mas de un año del último, así que le tocó a Yesenia. Parecía que iba a ser un curso tranquilísimo, sólo éramos 8 chicas, aunque yo la única estudiante antigua. ¡Cómo me equivoqué!

Para empezar, nunca hubo “noble silencio” fuera de la sala de meditación. Jamás había visto algo así.

Las chicas, mayoría nepalís y muy jóvenes, se lo tomaban como un juego. Se nota que no tienen la lista de espera que hay en Europa, donde la media de edad es mayor además. Luego estaba “l’enfant terrible”, una chica que al principio me parecía muy interesante,  la primera nepalí que ví enseñando los hombros y que no estaba casada, que viajaba a pie y en bici, pero que se dedicó todo el curso a llamar la atención saltándose todas las normas habidas y por haber. Gracias a ella sé por qué están cada una de las normas. Tuve que romper el silencio alguna vez para reclamar silencio y el 9° día la chica se fue gritando exageradamente porque finalmente la invitaron a irse. Se quedó una energía terrible y me supo muy mal por Yesenia, que tuvo que aguantar lo indecible, cualquiera que no meditara le hubiera soltado dos ostias a la chica. Vaya que igual salí peor de lo que entré jajaja. Pero ahora lo veo como una oportunidad para trabajar mi ecuanimidad por partida doble.

Al salir del centro Yesenia quería la separación definitiva porque necesitaba estar sola, más después del curso. A mí me parecía bien también probar la experiencia de pedalear sola las dos últimas semanas. Pero era obvio que tenia desventaja porque no tenía todo el material para ser independiente total.  Pasaron tres días, el primero fui a un hotel de ciudad al salir del curso porque estaba agotada, el segundo me dispuse a dormir como un perro abandonado, con un perro abandonado, en una parada de autobús de mala muerte en la carretera principal, hasta que me rescató una familia que vendía pollo cerca y que habían visto a Yesenia pasar 20 minutos antes.

Muy majos la verdad. Y el tercero volví a dormir en un hotel de Hetauda deprimente para saber hacia donde tiraba, Kathmandú o más hacia el este.

No sabía muy bien que hacer esas dos últimas semanas la verdad, porque hacía un calor insoportable y sin tienda de campaña y sin cocina lo tenía mas chungo. Una cosa es preguntar a alguien si puedes poner la tienda en el tejado o jardín de su casa y otra pedir hospedaje directamente. Tendría que estar muy desesperada. Y la verdad hacer vivac con los animalejos que hay y lo curiosos que son los nepalís no me apetecía mucho, en esa carretera había multitud de camioneros que ocupaban todos los sitios más aceptables para dormir. Los hoteles eran pocos y  carillos, además de deprimentes.

Era curioso como el trato hacia mí cambiaba por el simple hecho de ir rapada. Todo el mundo daba por hecho que era budista. En Europa todo el mundo daría por hecho que tengo cáncer.

Tuve algunos encuentros bonitos con personas que me ofrecían refrescos y fruta, como la familia de esta divertida y pícara abuelita de 96 años que hacia fideítos milimétricos de harina. Todos me preguntaban porque estaba sola y donde estaba mi amiga, algunos hasta querían llamarla. Si es raro ver mujeres pedaleando solas en España imaginaros en Nepal.

Para más inri tampoco tenía mapa ni la aplicación del maps.me, se me había petado la pantalla del móvil misteriosamente, (por eso he perdido muchas fotos y videos). Así que me veía obligada a seguir las carreteras principales que son muy peligrosas y atiborradas de camiones kamikazes.

Pero finalmente Yesenia me mandó una foto con una monja sonriente diciendo que había encontrado el monasterio budista que yo llevaba dos meses buscando.

 

Así que no me lo pensé dos veces y para allá que me fui. La carretera además era una maravilla (la que va de Hetauda a Kathmandú) bonita y tranquila, aunque nada más salir de Hetauda… ¡me atropelló un tuc tuc!

Bueno a ver, fue muy aparatosa la cosa porque el tuc tuc sólo me rozó pero para esquivarme acabó volcando. Muy peliculero todo, ojalá lo hubiera podido grabar. Le pregunté al conductor amablemente si estaba bien, pero estaba como aturdido o asustado, pues obviamente había sido culpa suya. La gente me dijo que mejor que me fuera rápido y nada, seguí camino. Dicen las malas lenguas que a veces la policía puede querer sacar tajada de este tipo de situaciones.

Por el camino me pasó una cosa muy curiosa. Había dejado unas frutillas a un chico que estaba descargando un camión de tierra a palazos el solo, y unos 10 minutos después, subiendo una cuesta, un hombre me paró en medio de la carretera y me ofreció un plato de Dhaalbaat pero aun mejor, con bolitas de soja y huevo frito. Yo no  entendía que me lo estaba regalando. ¿Karma directo multiplicado?Resultó que era budista, tenía un puestecillo de comida y se lo llevaba a alguno de los militares que vivía al lado, pero debí darle pena y me lo dio a mi. Cuando respondí afirmativamente a la pregunta de si era budista (es largo explicar que practico una técnica de meditación basada en la enseñanza de Buda pero no soy religiosa) me invitó a ver su casa. Me enseñó su altar budista y lo más gracioso fue que abrió un armario que tenia bajo llave y me sacó una bolita de pelo. Parecía pelo humano, canoso, pero no estoy segura. Me hizo olerlo varias veces, como un ritual. Y yo le seguía el rollo pero no tenia ni idea de qué iba el tema, porque en realidad no conozco mucho de budismo tibetano ni el hombre hablaba inglés. Si alguien sabe el significado que me diga y podré morir tranquila!

Después de una larga subida llegué al monasterio, era imposible pasarlo porque había unas letras pintadas gigantes.   Me estaban esperando. Había varias monjas sonrientes y un solo monje, el lama. El lama casi no hablaba inglés pero era muy gracioso y enseguida me bautizó como Karma Gyomo. (Gyomo es monja, supongo en su dialecto, ya que ni siquiera hablaban nepalí entre ellos).

Me fui a meditar  y me uní a la hora del rezo pero era un poco raro porque es algo que no había visto en mi vida. Mucha música, nos enseñaron un poco el ritual, nos arrodillamos un montón de veces frente a la figura de Buda, recitar un mantra que no entendía del todo 108 veces y no sé qué más.

Vaya lo que no me gusta a mí, que prefiero empaparme de la sabiduría de Buda con agradecimiento pero sin demasiadas adoraciones, quizá es exceso de ego o anarquía. Estuve dos días, porque tenia ya billete de vuelta y se me acababa el dinero y la visa de tres meses. Intentábamos ayudar sin mucho exito porque no nos podiamos comunicar muy bien nibsabiamos suvñ manera de cocinar. La verdad es un modo de vida muy apacible, aunque era un monasterio muy pequeño y sencillo. Interactuamos mucho con la monja Rada, que era la que llevaba más años pero no enseñaba, no sé si porque sólo enseñan los hombres o porque no le apetecía, pero se le veía muy experimentada. Quería que me contara alguna verdad universal cuando nos invitaba a su cabañita a tomar té, así como quien no quiere la cosa, pero tampoco llegamos a tener esa conversación profunda que tanto ansiaba. ¡Tengo tantas preguntas! Pero supongo que la vida me irá dando las respuestas poco a poco para que pueda digerirlas.

Por alguna razón pensaban que yo no me casaría nunca pero Yesenia sí. Sería por mi peinado de monja.

Nos invitaron a quedarnos, de por vida si queríamos. No sería una mala vida la verdad. Cocinar, lavar la ropa en la fuente, asearse, rezar, y recibir alguna enseñanza del Lama cuando aprendiera el dialecto.

Pero todavía sigo apegada a las sensaciones y a la familia.

Entre medio vino a buscarnos Amar el sobrino de la monja, que era quién había traído a Yesenia hasta ese lugar, y nos enseñó su casa, nos invitó a comer en su bar y nos regaló un montón de cosas. Era tanta tanta la hospitalidad que mi mente no lo entendía y pensaba, querrá algo? pero el tiempo ha demostrado que simplemente es buena persona. Os recomiendo que os comáis un dhalbaat en el Krishna Bar, aunque tiene el cartel en nepalí, no se cómo lo encontrareis jaja. Está a unos 20km antes de Daman dirección Kathmandu desde Hetauda.

Nos fuimos con un buen recuerdo, dejé una pequeña donación que nadie me pidió y la monja me puso un hilo rojo en el cuello, como una bendición, que aún llevo puesto.

Tuvimos que subir bastante hasta llegar a casi 2500 metros. Daman es famoso y turístico porque desde allí se ve el Everest cuando no está nublado, pero por supuesto estaba nublado. La bajada fue una gozada como siempre, y se notaba que esa parte era mucho más budista que donde había estado los dos meses antes buscando budistas. Tendré que volver. Ah, se me olvidaba, también estaba lleno de marihuana por todos lados, crecía hasta en el borde de la carretera pero no es algo que me entusiasme demasiado.

Ese día nos pilló la lluvia, y nos costó encontrar sitio para acampar. Nos rechazaron educadamente en una escuelita privada preciosa cuando ya estaba anocheciendo y finalmente unas mujeres nos ayudaron a pasar las bicis por la valla de una escuela pública. Nos dijeron que no había problema porque al día siguiente era sábado que es el día festivo y no habría niños. Las condiciones de esa escuela dejaban muchísimo que desear, los lavabos llenos de barro y caca, las clases oscuras y polvorientas donde no nos atrevimos ni a dormir y posteriormente vimos una rata gigante, llegamos a pensar que estaba abandonada. Pero ya de buena mañana nos visitaron varios niños que iban a esa escuela, hicimos palomitas y bailaron “somewhere over the rainbow” varias veces. Hasta que decidimos irnos porque ya se estaban desmadrando demasiado.

Después de varios días de paz llegamos al caos, la carretera principal que va a Kathmandu desde Pokhara. Fueron sin duda los peores 15km de mi vida. Cuesta arriba, a tope de trafico y contaminación, lloviznando, nada de arcén…podría haberla palmado ahí perfectamente y ser una más de la larga lista de atropellados.

En Kathmandú nos alojamos con Shree, un abogado de la Nepal Cycle Society que iba en bici a trabajar aunque la bici allí es de pobres, y que nos acogió a través de Warmshowers, el Couchsurfing para ciclistas. Nos recibió súper bien en su oficina, con momos y ensalada de maiz incluidos, nos invitó a cenar al bar y a cerveza y estuvimos en su casa dos o tres días. Sus hijos eran bastante tímidos y la mujer hablaba poco inglés así que interactuamos más bien con él. Pedaleamos por Kathmandu un poco, un deporte de riesgo, y la verdad que algunas partes parecía una ciudad europea cualquiera. Hice cuatro comprillas en Thamel de regalillos y pantalones hippies hasta quedarme a -20 euros y tuve la oportunidad de cambiar la bici por un violín nepalí precioso , un sarangi, pero ya había decidido regalársela a Shree para su hija o alguien que conociera necesitado.

Podrían ser una familia de clase media pero aun así tenían restricciones de agua, por la noche había que llenar los baldes para ducharse y lavar la ropa. Le pregunté a Shree porque un país que es el segundo con mas agua después de Brasil tiene restricciones de agua y me dijo que la vendían a la India.

Volé a Madrid, un vuelo terrible por cierto con turbulencias a tope, un día antes que Yesenia y tarde un par de meses en pagar parte del billete de vuelta a mi hermano, que a veces me adelanta dinero pero sabe que siempre le pago hasta el último euro.

Ha sido sin duda uno de los viajes más intensos de mi vida, a nivel físico y emocional, y por supuesto me han quedado muchas cosas que contar, como el día que dormimos en un hospital, la posible visita de un chacal cerca de la tienda y un río con cocodrilos, dramas emocionales varios…

Al punto que en el avión sentía una pequeña necesidad de tener por un corto periodo de tiempo un poco de rutina, vida aburrida y normal 🙂

Qué más puedo decir, gracias Nepal!­

Os dejo de regalo esta película de una mujer nacida 120 años antes que yo, pero con inquietudes espirituales similares (y muchas más agallas).  Así veis como son los rezos tibetanos y cual es mi objetivo en la vida. Quizá me renuevo, como esta mujer, el pasaporte a los 100 años…”por si acaso”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 comentarios en “Nepal en bicicleta IV

  1. Amo lo q haces ! Tan libre sin drama alguno !! Sos uno de los pocos ejemplos a seguir !! Ojalá llegues algún día a Argentina y poder conocerte darte un gran abrazo y felicitarte !!! Sigue así q con tus escrituras y andanzas q me encantan !!

    El sáb., 2 de nov. de 2019 06:39, La vida es una sonrisa…que no te la

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    1. Gracias Cecilia!! Yo soy una mera aprendiz de la vida, hay gente que me da mil vueltas jajja.
      Me encantaria recorrer Sudamerica en bici y/o autostop, de hecho hoy lo pensaba que si tuviera una enfermedad terminal no me gustaria morirme sin conocer sudamerica y las culturas indigenas que son el pasado y el futuro del planeta. Pero como soy incapaz de ahorrar a ver como lo hago..tendre que aprender a navegar jajja.

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