Sí, sí…Madrid…y sin remordimientos

Quién me iba a decir a mí que iba a escribir un post sobre la ciudad de Madrid. Pues sí, aunque era la última de mis intenciones pasar por una ciudad grande después de meses entre el campo y la montaña, puedo decir que ha sido una experiencia enriquecedora.

La verdadera razón era que me había comprado un billete de avión por 20 euros a Lanzarote y tenía que hacer tiempo, pues lo había comprado para el 13 de diciembre con la esperanza de que haría el curso Vipassana hasta el 10. Por cierto, mi compañera de habitación durante el periodo de servicio me regaló 60 euros, así porque sí, porque es entre otras cosas una bellísima persona, así que me llegó para el billete de ida y vuelta, una noche en la pensión más barata de Candeleda -super limpia y nueva por cierto- porque aún no sabía qué hacer con mi vida y un par de chocolates con churros.

Estaba tan tirada que hasta puse un anuncio en Facebook desde la biblioteca para obtener ideas de qué hacer con mi vida y varias amigas se ofrecieron a acogerme. Me fui al final a casa de una de ellas, de la época de Brighton, que además casualmente se iba de vacaciones y podría cuidar de sus dos gatitas. Es increíble como todo al final fluye y se sincroniza de una manera formidable. Incluso el autoestop, que dudaba en hacerlo después de mi pésima experiencia en Cantabria, acabó fluyendo de maravilla, de hecho hasta me salió trabajo en la oliva pero ya me había comprometido con mi amiga. Lo único es que perdí las gafas graduadas que me habían regalado en Suiza, ya es la segunda vez que me dejo las gafas en un coche haciendo autoestop!! Cierto es que parecía una ciega mafiosa con ellas porque eran de sol, pero me han servido por ejemplo para trabajar en las uvas y en las ciudades me van bien para ver los semáforos y los nombres de las calles.

Disfruté mucho del reencuentro con mi amiga y su compañera, qué bonito ver lo bien que se trataban, y cuando se fueron de vacaciones disfruté mucho de la soledad y la comodidad de un pisito en el centro de Madrid, muy cerca de Rajoy, al que le mandaba amor en cada una de mis meditaciones.

Creo que nunca he estado exactamente sola en una casa porque siempre he compartido, así que era una experiencia nueva para mí, además de necesaria. Bueno, exactamente sola tampoco, que las dos gatitas me daban mucha compañía. Son el yin y el yang por cierto, una gris oscuro bastante arisca y otra blanquita muy cariñosa, a veces demasiado.

Me pasé sin exagerar cinco días sin salir a la calle, asustada por la ola de frío y por la ciudad en sí, pues el primer día que llegué casi ni podía respirar por el humo de los coches y me aturdí de tanta gente y tantos estímulos.

Me dedicaba a meditar, cat meditation, porque siempre tenía una gata encima, al final hasta la arisca se me subía para estar calentita; también a estudiar francés, tocar el ukulele y actualizar el blog, que le hacía bastante falta.

El quinto día me obligué a salir, porque ya parecía la típica vieja loca de los gatos, todo el  día sentada mirando por la ventana, contando las banderas de España que había en el edificio de enfrente, con una bata-manta con orejas de oso (¿o gato?) y la estufa eléctrica debajo de la mesa a modo de brasero. (Bueno la enchufaba cuando oscurecía para que a mis amigas no les viniera el facturón de la electricidad).

Mira que yo no soy de repetir lugares, pero se podría decir que únicamente salía para ir al templo de Debod a ver el atardecer. Quizá fue porque lo descubrí de casualidad el primer día y fue el único lugar donde pude respirar tranquila sin miedo a morir intoxicada. Poco a poco me fui acostumbrando a la contaminación, claro.

Ese lugar tiene una energía muy especial, y eso que hubo una batalla durante la guerra civil (que ganaron los republicanos). Cada día de sol se llenaba de turistas armados con sus móviles y yo me dedicaba a observarlos desde una esquinita. Me maravillaba la forma en que se hacían ‘selfies’ con el atardecer sin mirar un sólo momento el atardecer. También me dedicaba a alimentar a los pajaritos con pipas de girasol que me habían sobrado del camino, como una buena vieja loca de los gatos.

Reconozco que al principio me sentía algo triste y sola en esos momentos. Todo el mundo me ignoraba y estaba en compañía de otras personas o en su defecto, en compañía de su móvil. Me sentía, igual que en Barcelona, una extraterrestre. Pero al final siempre acababa teniendo una conversación bonita con alguien. La primera fue una abuelita, a la que casi me avalancé directamente en plan: ¿quieres ser mi amiga? Le puse mi chaqueta para que no le traspasara el frio en mi esquinita y me habló muchísimo rato, yo la escuchaba embelesada, porque además tenía la sensación de que pocas personas la escuchaban. Era asturiana y había trabajado casi toda su vida en un café. Viuda de hacía bastante tiempo. Y cuando le dije que la soledad también era bonita, puso una mueca de dolor que jamás olvidaré. Dijo que no, que ella todavía no se había acostumbrado a la soledad y que aún a veces nombraba a su marido. Tampoco olvidaré su exquisita educación, nos hablábamos las dos de usted, combinada con unos “tacos” repentinos en plan: “y el hijo de puta no me quería dar vacaciones en agosto”.

Otro día hice amistad con una chica joven de pelo rosa, que había ocupado mi esquinita. Se lo dije, en broma, para romper el hielo. Y le pregunté que porqué no miraba el atardecer, pues no sacaba los ojos de un libro. “Tengo que estudiar, lo estoy grabando”. Yo me quedé flipando, era verdad, tenía una cámara con trípode. Era estudiante de comunicación audiovisual. Yo le dije  que la magia del atardecer no se puede ver a través de una cámara, y que creía que mirar directamente al sol relajaba e incluso, dicen las buenas lenguas que incrementa el nivel de conciencia. Hablamos mucho de muchas cosas al final, y me pareció muy madura para su edad. Me ofreció quedarme en su casa y todo. Vaya, para una vez que ya tengo casa!

Y a medida que pasaban los días interactué con toda la gente alternativa del lugar, músicos y artesanos, de los cuáles dos  me reconocieron de dos rainbows (yo no hasta que no los tuve a un palmo claro). Y hasta me atreví a pasear de noche, y me fui con uno de los chicos rainbows y su amiga a pasear por Lavapiés y fue una noche mágica. Igual no es humilde decirlo, pero desprendíamos luz y alegría a raudales, hablando con una sonrisa a todo el mundo, haciendo música improvisada con flauta y ukulele…me salió una canción del corazón, rollo “Madrid, donde está tu alma”, y la gente se paraba, un niño se puso a bailar, vino a darme un euro y yo le dije cantando, “no quiero dinero”…y nos dimos un abrazo. Al principio el niño no entendía que le rechazara el dinero pero se fue super feliz. Hay que enseñar a los pequeños de que hay cosas que no tienen precio, que se pagan con abrazos, bailes y sonrisas.

Estos chicos también me invitaron a dormir a su casa, una okupa en la sierra con fueguito de leña, sin baño, ni agua ni luz, a la que me entraron ganas de irme a vivir, pero al final no fui con ellos porque no quería abandonar las gatas a su suerte, ni siquiera por una noche. Hice bien, porque al volver ya habían hecho alguna trastada.

Y cómo olvidar a mi amigo Amador. Lo conocí el primer día en Madrid y ya no lo volví a ver hasta el último, pero es una de esas personas que son difíciles de olvidar. Si pasáis por Debod, a la izquierda del primer mirador mirando al sol, veréis en un banco su peculiar galería de arte, sus libros hechos a boli, su tómbola, su teatro para una persona, sus esculturas de cartón con mensajes que te llegan al alma. Se nota que es una persona muy especial e inteligente. Tan inteligente, que ni siquiera la policía lo echa. Le dije que iba a Canarias después y lo tomó como la señal que estaba esperando para decidir mudarse a Las Palmas de Gran Canaria, dentro de poco.  Si lo véis, en Debod o en el Parque de Santa Catalina, dadle un abrazo de mi parte!

El resto del tiempo lo dediqué a quedar con amigos, que parece que tengo más en Madrid que en Barcelona. Del rainbow de India, de la Gomera, de la Palma, de Beneficio…además mi amiga me había dado permiso para traer personas a casa con la condición de no traer vagabundos, que me conoce y seguro que los subiría a ducharse (no iba muy desencaminada, si algún dia tengo casa propia lo haré porque sé que lo que más se echa de menos cuando duermes en la calle es una ducha y un plato caliente).

Quedé también con una lectora del blog majísima que hacía tiempo que hablaba con ella virtualmente. Me trajo dulces y churros con chocolate para una semana (al fin me quitó el antojo de churros) y encima me dejó 50€ debajo del bote de lentejas, pero me lo dijo después de despedirnos, sino no sé si lo habría aceptado, si la acababa de conocer en persona!

Qué barbaridad, con personas tan generosas en mi camino  no voy a cotizar nunca!! Bueno, prometo que cuando esté Ada Colau de Presidenta volveré a trabajar y pagar impuestos.

El último sábado, ya por acabar de adaptarme a la ciudad, acabé de bares y todo con una compi del centro vipassana, bueno comiendo tortilla en el Pez Tortilla, muy rica la verdad pero algo agobiante de gente y luego en una jam session que convocaba una amiga que tiene un vozarrón tan bueno que a mi ni se me escucha y en la que acabé bebiendo 3 o 4 copas de vino y volviendo a casa a las  5 de la mañana, mira tú la monja recién salida del convento que se iba a dormir a las 21h. No me emborraché, que al fin aprendí a beber con conciencia, pero os juro que me duró la resaca dos días.

En fin, que…yo que odiaba Madrid por mi pasado culé, que tenía un mal recuerdo porque la última vez que estuve ahí para defender los derechos sociales aquel simpático policía nacional me rompió el brazo, que no soporto las grandes ciudades ni el encierro, ni el invierno…pues…que lo disfruté oye!!

Me sentí a gusto, a pesar de la obsesión con las banderas rojigualdas (al menos vi una republicana) y la gente me pareció amable, más incluso que en Barcelona que la mayoría de gente son turistas de fuera.

Así que muchas gracias a mis amigas las dueñas del piso que se portaron muy bien, me dejaron un montón de comida, me regalaron ropa…y sobretodo confiaron en mí para cuidar sus hijas gatas, yo que pensaba que no sabía cuidar ni una planta. Ahora que ya tengo experencia, si alguien quiere que le cuide su casa y sus animalitos, en cualquier parte del mundo donde pueda llegar con mis recursos, que me deje un comentario abajo 😉  De hecho estoy apuntada en una casa de housesitting, mindmyhouse.com pero aún no la he utilizado propiamente.

Paz y amor…allá donde estéis, en la ciudad y en el campo!!

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7 comentarios en “Sí, sí…Madrid…y sin remordimientos

  1. Me alegro de volverte a leer, “sana y salva” tras el periplo de “autostopses” y la “privación” de música y abrazos monacal (compresible pero qué triste, no?).
    No sé yo si, el amor que le enviaste a Rajoy, le calará, pero por poco que le llegue, ya le mejorará (que tampoco es tan difícil, jajaja).
    Me ha encantado la anécdota del atardecer…mirar por un objetivo es más aséptico y seguro…la vida puede ser tan inhóspita, jajaja!
    P.D.: Yo tampoco tengo animales pero sí un sofá cama que pongo a tu disposición.
    Mis mejores deseos vuelan con estas letras, desde este rincón del mundo! Un abrazote muy fuerte!

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    1. Hola Vicente!Qué alegria leerte a ti también !Por cierto no pude abrir el video de youtube, las viejas de los gatos no saben muy bien como van estas cosas. Donde está tu rincón? En principio me voy encarando hacia Grecia, pero nunca se sabe, Además como no tienes caralibro tendremos que hablar en persona, o por carta!!poquito a poco voy conociendo personas muy especiales a través del blog y creo que es lo que le da más sentido a su existencia. Un abrazo!!

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      1. Hola Alma! A saber lo que puede pasar cuando la tecnología se mete por medio, jajaja…te dejo la dirección para que la copies y pegues en la barra del navegador y sea más fácil:

        En cuanto a mi rincón del mundo, por lo que he podido leer, creo que te sonará de algo: Cornellà de Llobregat, en Barcelona.
        Seguimos en contacto. Un abrazote!

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