Camino de Santiago (II): Cantabria

Estaba muy ilusionada con conocer Cantabria, porque todo lo que sea novedad me vuelve loca, pero nada más entrar, me recibió un vendaval de la ostia. Puede ser casualidad o quizá era un aviso de lo que iba a venir, pues es una comunidad algo más…como decirlo…”dura”. Eso sí, con unos paisajes de infarto.

Lo que más me sorprendió al llegar a Castro Urdiales fue el cambio de “trapo” en los balcones. Ya no se veían “senyeres” sino banderas rojigualdas, en cantidades algo exageradas para mi gusto, aunque cada uno que cuelgue lo que le dé la gana. Tuve que dejar de relacionar esas banderas con el franquismo, porque sinó, me habría asustado con tanto facha.  Al final, además de los adictos al poder, quien más sale ganando con el nacionalismo de cualquier tipo son los chinos que venden las banderitas.

El semblante de las personas también era mucho mas serio, y eso que en Castro hay muchísimos vascos todavía. Cierto es que aunque a primera vista parecen más inaccesibles, luego al preguntarles algo eran amables.

En el albergue municipal hice amistad con un hombre que creía que era el hospitalero, pero que en realidad vivía y pedía en la calle, aunque tenía el carnet de hospitalero y había hecho el camino varias veces. Él se autodenominaba bohemio y no entendía que yo me autodenominara vagabunda, pues para él tenía una connotación negativa.

La verdad que fue muy bueno conmigo y compartió un estofado que  me devolvió la vida, después de tanto bote de garbanzo y latas de sardinas. Fuimos a pasear porque me lo pidió y lo veía muy solo (aunque ya había paseado unos cuantos kilómetros ese día) y fue enriquecedor pero en algún momento tuve que limitarle sus expresiones de cariño. Entiendo que los hombres estén faltos de cariño, en particular los de la calle, pero yo no soy una ONG, podrían dar cariño a mujeres solas 30 años mayores pero no, eligen intentarlo con las que son 30 años menores, y les parece normal. En fin.  Me explicó que en los días buenos se hacia 40€ al día pidiendo. Anda!Yo con eso como una semana!- le decía riendo. Y en tabaco y alcohol, se gastaba 8.

Conecto mucho con los vagabundos, perdón, bohemios,  porque en parte son más libres que el resto, pero nunca puedo convencerlos de que saliendo de las adicciones, especialmente el alcohol, su vida sería mucho más fácil y no tendrían que estar tantas horas pidiendo. Por un lado se quejan con razón de la dureza de la calle,  porque dormir en la ciudad ya da mas problemas que dormir en el campo o la playa, pero claro necesitan estar en la ciudad para conseguir el dinero para alcohol y tabaco, y a la vez necesitan alcohol y tabaco para sobrevivir en la ciudad. Es un pez que se muerde la cola. Como curiosidad, me dijo que él era el compañero de Charo, la mujer que quemaron viva en el cajero de Barcelona, ¿os acordáis?? A mí me llego al alma aquello. Y me dio otra visión de la historia. vivían los dos en una ermita, no sé si en Castro o cerca, y ella tuvo que ir a Barcelona para firmar unos papeles para su hija, se tomó el bus desde Bilbao y llegaba tarde por la noche. Aunque llevaba dinero encima para pagar un hotel y él le había insistido en que lo hiciera, llegó de madrugada y decidió quedarse en el cajero a dormir. Y el resto ya lo sabéis. Él se enteró por la televisión, y se le cayó el mundo encima, dice que se desmayó, literalmente. Me dijo que ella no bebía mucho y que era muy buena persona. En fin, una pena.

Luego conocí al hospitalero, Yaya, y me enamoró ese chico, ¡qué buena persona! Mi cerebro lleno de mierda llegó a pensar: “mira, que majos los de la Asociación de Amigos del Camino, le dan la oportunidad a chicos africanos sin papeles para vivir aquí a cambio de ser hospitaleros”. La eterna imagen del blanco salvador ayudando al negro. Pues la realidad era muy diferente. El chico tenía su casa, su trabajo, y venía ahí a limpiar el sitio y a recibir a los peregrinos por puro amor al camino, sin recibir nada a cambio, para que no cerraran el albergue. Y además era musulmán. Hablamos poco rato pero ya me dijo que podía contar con un amigo en Castro y que la próxima vez que viniera podría quedarme en su casa. ¡Si es que los musulmanes tienen la hospitalidad en la sangre!

La siguiente etapa fue bastante larga, unos  30km, pero tenia partes muy bonitas y sobretodo, seguía haciendo un sol espléndido!

     Llegué a Laredo a las 17h de la tarde cansadísima, tanto, que a pesar de que me tocaba dormir en la calle porque no había albergues baratos acabé pagando 10€ a unas monjitas. A ver qué tal, pensé. Una monja gordita y con problemillas para respirar pero con cara de buena persona me recibió, yo era la única peregrina de momento, y aunque le intenté insinuar de que iba con el dinero justo, de que iba a dormir en la calle ese día pero que estaba exhausta, nada, me cobro los 10€ igual, sin un ligero amago de empatía. Me explicó que las monjas tenían que buscarse la vida porque no recibían dinero de nadie, la verdad que me sorprendió. Aunque no les iría tan mal porque en verano habían pasado por ahí 5000 personas y tenían otro albergue para turistas, y Laredo es muy turístico. En verano hacen cenas compartidas con los peregrinos, ellas ponen el primer plato y cada uno aporta algo, se cantan canciones y se hace como un circulo de palabra para intercambiar opiniones. En mi caso nada, me invitó a ir a misa donde bendecían a los peregrinos pero la verdad ese día no estaba para sermones. Fue maravilloso eso si tener una habitación privada para mí sola y cocina, aunque me cociné un triste arroz congelado, y para colmo, no había comida abandonada aparte de unas especias.

La siguiente etapa fue rara, porque había dos caminos, uno había que pagar una barca y yo acabé pillando el otro, no por rata, que también, sino porque me encontré a mi amigo el bohemio y decía que se quería venir conmigo, que había dormido en la calle, que se buscaría la vida un poco en Santoña esa mañana, y que luego iría a Güemes en autobús, que era donde yo tenía que llegar supuestamente. Yo ya le había dicho que no quería compañía y como me pareció una actitud un tanto extraña y estaba cansada para llegar a Güemes ese día después del palizón del día anterior, decidí tomar el otro camino, creo que más feo y largo, y me lo tomé con mucha calma, sólo hice 10 o 12 kilómetros. En la puerta del Lidl donde pasé a comprar algo había un chico africano pidiendo, que casi no hablaba español, pero sí muy bien inglés. Total que como yo no tenía prisa me tiré como una hora hablando con él. Él no acababa de entender que yo viviera viajando así, con la mochila a cuestas, sin casa, pudiendo tener trabajo y unas comodidades. Yo no entendía que él ansiara tanto tener un trabajo, aunque luego me dijo que tenía una madre que dependía de lo que él le mandara y que le gustaría tener una casa y una familia. Pensé que era una lástima que no pudiera ceder mi derecho al trabajo a alguien que tenía tantas ganas de trabajar.

Era muy, pero que muy, cristiano, me echó un sermón que cualquier cura envidiaría, y le recomendé que hiciera el Camino. Al final resultó que él sentía pena de mi, ni siquiera quiso que le comprara nada de comer, e intentó convencerme de que mi vida no era correcta y de que tenía que cambiarla. Y yo le decía riendo: joder, ¿¡tú también?!; que estás aquí pidiendo en la puerta del Lidl, que quieres trabajar y no puedes, que tienes más dificultades en la vida por tu lugar de nacimiento y tu color de piel, sientes pena de mi?!!! pero si soy súper feliz!! Si soy una puta afortunada (fucking lucky person) , que ha nacido con unos derechos y comodidades que en África son impensables porque los blancos hemos ido ahí a robar y destruirlo todo!(Perdón, por cierto).

Bueno, seguí camino con una sonrisa, aunque fue una etapa muy dura, no por larga sino porque era casi todo por carretera, tragando humo. El cemento me destruye las articulaciones.

En Gama encontré un albergue baratingui, porque lo bueno de Cantabria es que tiene albergues baratos de sobra y además, estuve sola!!! iuju!! no tenia cocina pero bueno me calenté avena con agua, en un microondas, para calentar el cuerpo. Si, claro que soy antimicroondas, por supuesto, pero total, después de estar todo el día tragando humo en la carretera, un poquito de radiación no pasa nada 😉 De postre me fui al bar de enfrente y pedí un cigarro, para acabar con mi proceso de intoxicación (por aquello de equilibrar lo de tanto aire puro, se entiende), y con idea de socializar un poco con los cántabros, pero no fluyó demasiado la conversación con nadie. Ese pueblo estaba todavía mas lleno de banderas de España y por la noche había unos adolescentes algo agresivos gritando  en la puerta del albergue que me provocaron hasta inquietud, pero por suerte empezó a llover a cántaros y se fueron. La lluvia lo limpia todo.

Al día siguiente salí dirección a Güemes, pero me pilló una lluvia por el camino impresionante, nunca me había llovido de abajo hacia arriba. Vamos, que vino un vendaval que en un minuto me empapó entera, a pesar de tener puesta la capa para la lluvia que me regalaron los couchsurfers de Bilbao. No tenía un triste sitio donde refugiarme de la lluvia, sólo una casa con unos perros ladrando como locos con mi presencia. La siguiente tenía un minibalconcito con su correspondiente bandera de España que tampoco me daba mucha confianza, total que tuve que caminar  2 kilómetros más con viento y lluvia. Al final paró, salio un pelín el sol…me compré una barra de pan, que engullí, literalmente, mojada en unas natillas de chocolate. ¡Viva la dieta sana! Y cuando vi que venía otro nubarrón negro…dije, a la mierda, y hice autostop. Lo sé, no me siento del todo orgullosa de haber hecho 5 kilométros de trampas.Un abuelito muy majo con su nieto me dejó a un kilómetro del famoso albergue del Padre Ernesto, y llegar allí fue como llegar a un oasis en pleno desierto. Me recibió un chico muy amable, la habitación era nuevisima y limpísima, y en el comedor había un fuego de leña que le daba al sitio un calor de hogar impresionante, con la falta que me hacía en ese momento calor de hogar. Era casi la hora de comer, así que comí con los voluntarios, tortilla, arroz, patatas…no recuerdo bien, solo sé que casi lloro de emoción. Me hicieron un interrogatorio sobre mi vida, y el Padre decía que no acababa de entender cómo vivía, cuál era mi objetivo.

Por la noche vinieron más peregrinos y dio una charla de bienvenida, explicando la historia del lugar. Hice de traductora hasta que llegó la traductora “oficial”. Me sorprendió el Padre hablándo en catalán perfecto, pues había vivido muchos años en Catalunya. La historia del lugar se dividía en tres etapas: la vida de sus abuelos, que eran los fundadores de esa casa. La etapa en la que vivió en un pueblito de los Picos de Europa, donde conoció a pastores y personas analfabetas con una sabiduría ancestral y una gran bondad. Y la tercera fue un viaje en 4×4 por África y Sudamérica, con muchos contratiempos y mucho aprendizaje en lo que el llamaba la universidad de la vida, aprendiendo también de esa sabiduría ancestral. Bueno he visto que tienen web, ahí lo explican todo mejor: http://www.alberguedeguemes.com/

 

Después de la cena, una riquísima crema de calabaza y verduras, le dije que cómo era posible que no me entendiera, si no eramos tan diferentes, yo también soy una estudiante de la universidad de la vida. Además el sitio es a donación, en lo que creo ciegamente como forma ideal de economía, el comedor está todo lleno de muebles y objetos reciclados y regalados, como mi mochila. Creo que hasta lo abracé, o almenos sentí el impulso de hacerlo, no recuerdo bien, aunque no se hasta qué punto es políticamente correcto abrazar a un cura.

Total, que no me quedé de voluntaria ahí de milagro, porque no necesitaban a muchos en estos días, aunque le dejé mis datos para cuando necesite a alguien. Ya me estaba quedando sin presupuesto, pero le dejé 10€, y en este caso me pareció poco comparado a todo lo que recibí, material e inmaterial. Por cierto hay una capilla preciosa, la mas bonita que he visto en mi vida, porque es para todas las religiones.

Al día siguiente, después de un gran desayuno, me fui la ultima, con la tímida esperanza de que me propusieran quedarme de voluntaria. No ocurrió, ni yo lo pedí directamente, así que seguí caminando.

Ese día me dirigí a Santander. Tuve algunos momentos de estrés porque parecía que iba a caer de nuevo el diluvio universal y yo iba por unos senderitos resbaladizos y embarrados muy cerca de unos pequeños acantilados; no me sentía muy segura, así que caminé a toda leche. Volví de nuevo a las latas de sardinas, después del festín del día anterior.

  

Al esperar a la barca que cruzaba a Santander me topé con James, un californiano con pinta de peregrino de los de antes, y su amigo australiano. Él había estado también con el padre Ernesto, y a pesar de que no hablaban el mismo idioma también conectaron mucho, lo noté. Y después yo conecté con el. El buen hombre me pago el billete de barco y todo, mientras hablábamos de las bondades del Padre Ernesto. Casi que decidí quedarme en Santander esa noche por él, pues en realidad tenía energía para seguir caminando. Le regatée pero con más decisión que con las monjas al hospitalero y me lo dejaron a 5€ aunque valía 10. Y tuve una conversación y un momento inolvidable con James. Es como si lo hubiera conocido en otra vida, pues a veces fantaseo con que fui hippie de los de verdad y que acabé muerta de sobredosis, por eso ahora rechazo tanto las adicciones. Este buen hombre fue prófugo de la ley durante 7 años porque lo querían meter en la cárcel por un porro. Y en esos años viajó en autostop y vivió en tienda como yo, de un lado a otro. Ahora muchísimos años después tiene familia y una cafetería a la que me ha invitado a trabajar cuando quiera. El mejor momento fue cuando le toqué la canción de Imagine, pues sin saberlo resulta que es muy especial para él y para mí también. Coincidimos en que es la canción perfecta, con una letra sencilla pero directa y con una estructura seguramente más estudiada de lo que parece: lo primero es estar presente, viviendo para el hoy. Después no creer en fronteras, nada por lo que matar o morir, ni religión. Por último, lo más complicado, “I wonder if you can”, vivir sin posesiones, sin necesidad de tener hambre o avaricia, compartir, vivir en hermandad. Sé que soy una soñadora, pero no soy la única, y cuando me cruzo con un soñador en una cocina cutre de hostal, puedo hasta llorar de felicidad.

Salí a dar una vuelta por Santander pero sin mucha esperanza de conectar con nadie, ni siquiera encontré un vagabundo con quién hablar sobre la vida. La gente me miraba por mis pintas y mi ukulele, y a cada mirada rara, yo sonreía más. De vez en cuando canturreaba y alguna persona sí que me dijo algo bonito, rollo…al fin alguien con alegria! Pero en general…gente de ciudad. Le pregunté a una mujer por un supermercado cercano y me ignoró completamente, desconfiada. Y me quejé, riendo pero en voz alta, Dios mio de mi vida, adonde estamos llegando!! 

La siguiente etapa la empecé sola pero a las dos horas me topé de nuevo con James y su amigo, e hicimos un trozo juntos. Fue la primera vez que caminé con alguien, y estuvo entretenido. Pero habíamos dejado al amigo atrás y yo creo que caminaba un poco acelerada, así que nos despedimos con un…”luego nos vemos en el albergue”.

Ese día tome el tren una parada, porque todos los peregrinos lo hacen, te ahorras 8km y hay que cruzar un rio, y a punto estuve de quedarme dos o tres paradas en el tren. Me sentía ya un poco agotada de caminar por cemento. Al final no lo hice, pero me arrepiento un poco. Me quedé en el albergue Clara Campoamor, sólo porque me gustaba el nombre y estaba un poco descuidado, llovió a cántaros y mi amigo nunca llegó ni lo volví a ver.  Fue un día raro, medio triste.  Demasiadas fábricas, incluida una Solvay como la que está cerca de mi pueblo, del tipo que piensas,”cuando explote nos vamos todos a la mierda”.

La siguiente etapa me pilló lluvia casi todo el camino. Hasta me compré un paraguas en el chino, todo el camino esperando a que alguien me regalara un paraguas pero al final llegó la lluvia antes que él, (fue el único objeto que compré) pero no era muy práctico con el viento, caminaba sin ver nada y al final me empapaba igual. Llegué a Santillana de mar, la que no es santa, ni llana ni tiene mar, con rayos y truenos, y empapada me senté en el portachuelo de la iglesia, a esperar a que abrieran el albergue.

Vino en esas un grupo de turistas, pues es un pueblo muy turístico, y fueron muy majos. Me hicieron muchas preguntas; eran, casualidades de la vida, vascos 🙂 Y una de ellas volvió después y me dijo toma, para que comas y duermas bien hoy, aunque no es mucho. Y me dio 20€. ¡No es mucho dice, una fortuna! Qué majos de verdad.

Yo sólo por el hecho de que fueran simpáticos ya me sentía feliz. Y miré el pronóstico del tiempo, vi que iba a diluviar toda la semana y en ese momento fue que decidí que ahí me quedaba. Que mi camino no iba a ser a Santiago, sino a Santi…llana. Almenos aquí no está la catedral en obras 😛 Fue corto, dos semanas, pero suficiente para aprender, para estar en soledad y caminar sin preocuparme de nada, algo que deseaba hacía tiempo.

Me metí en una tienda que vendían dulces y me pedí un vaso de leche de vaca, de leche de verdad, y una quesadilla. Resucité. El chico muy majo me invitó a otro vaso de leche. Vino el padre y me invitó a un bizcocho. Y con él me quedé hablando una hora larga, porque el albergue no lo abrían hasta las 4 y sentía, con tanta lluvia, un poco de falta de calor de hogar. Al final dejé la mochila en la puerta del albergue, me fui a dar  una vuelta. Me iba parando mirando precios en bares, a ver si por una vez iba a darme el lujo de comer algo de restaurante, sin pasarme, ya que me habían dado dinero para eso y era mi último día como peregrina. Pero nada me convenció. Iba por la acera y de repente a 4 metros de mí se desploma un trozo de balcón, con un gran estruendo. Yo creo que si me hubiera parado diez segundos menos a mirar la carta del restaurante, me habría matado, de verdad. Uf, hubiera sido un buen final del camino. desde luego.

Al final acabé en  la Cueva de Altamira, que está cerrada al público pero hay un museo con una réplica bastante lograda de la cueva original. Estuvo interesante y nada caro. Me compré otro arroz congelado al final y un litro de leche con chocolate, para radiarme otro poco en el microondas.

Y fue una noche bonita, también sola en el albergue lleno de camas vacías, diluviando afuera, pero con una calefacción de lujo, así que estuve calentita y pude lavar y secar toda mi ropa.

Al dia siguiente, a las 8 de la mañana, tenía que irme, pero aún no sabía bien a donde. Podïa replantearme lo de seguir el Camino, con lluvia, pero no me apetecía nada lo de estar mojada todo el dia mirando el suelo con el paraguas pegado a la cabeza y dándose la vuelta todo el rato. Podía también cambiarme al camino francés haciendo autostop a la altura de Burgos, donde no llovía pero había mínimas de 0 grados, así que no muy tentador lo de dormir en la calle. O podía irme al centro vipassana al periodo de servicio que justo empezaba. Y justo me llamaron del centro vipassana. Asi que para allá que me fui.

Lo mas difícil de viajar sola es tener que tomar decisiones por mi misma, cada dos por tres. Al final, creo que no importa donde vayas, pues algo vas a aprender 🙂

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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3 comentarios en “Camino de Santiago (II): Cantabria

  1. Hola, Alma! Aquí estoy de nuevo, dispuesto a acompañarte en tu camino, ni que sea virtualmente y en la distancia. Triste objeto una bandera…mi abuelo, que era de los “rojos”, decía de ellas que eran trapos de colores. Según el proverbio chino: “Si quieres darle de comer a un hombre un día, dale un pescado. Si quieres darle de comer toda la vida, enséñale a pescar”…yo añadiría, dale una bandera y olvidará que tiene hambre…qué empeño con defender la integridad de la Patria y venga a poner más fronteras, cuando lo verdaderamente bonito sería que menguaran!
    Yo voy madurando mi plan de abandonar la servidumbre del trabajo asalariado…el año que viene es el año chino del Perro, mi signo, un año más justo y propicio a las locuras divertidas, así que espero sea propicio… 😉
    Tú sigue caminando, buscando tu verdad y equilibrio, iluminando la vida con tu sonrisa, extendiendo el cambio con las pequeñas ondas que tu piedra provoca en el estanque del Universo; no estás sola aunque camines en solitario.
    Un megabrazote. Salud y Amor.

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      1. Desgraciadamente, no tengo…ni Caralibro, ni Piada, ni nada de eso…decidí, hace unos años, dejar de tener menos amagos y más amigos (aunque fueran pocos); de paso, recuperé una hora diaria, para gastarlo en otras cosas, jajaja.
        P.D.: Esta mañana, escuchando las sugerencias musicales que me hace Youtbe, llámalo coincidencia, conjura cósmica, escuché esta canción y no pude evitar pensar en ti…creo que te gustará (si no la conoces ya) y lo mismo puede servirte para ampliar tu repertorio de ukelele ;-P

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