India: de Pushkar a Rishikesh

Es algo difícil explicar algo que pasó hace dos meses pero confío que mi memoria no se olvide los aprendizajes más importantes. (Si a alguien le sobra una tablet o movil viejo donde sea posible escribir en el blog mas a menudo, bienvenid@ ;-))

Un poco a mi pesar dejé la playa paradisíaca donde fui muy feliz durante tres semanas;  ya empezaba a hacer demasiado calor, a acabarse el agua de la fuente natural y una amiga de mi compa nos esperaba en Pushkar. Sin obviar la visita de un loquito de Bangalore que le dio por robar a todo el mundo con mucho descaro y no quería irse hasta que ya todos pensaban en usar métodos  menos pacíficos. A nosotras solo nos robó un termo, casi el bien más preciado de una argentina como mi compa. El último día, como señal de que había que irse, apareció la policía buscando marihuana para sacarse su sueldo extra, multando a un chico francés que es un amor, -unas 10000 rupias o 70€- y acusando a otro amigo de traficante. Hasta las mujeres que vendían tali tuvieron que defenderlo para que no lo arrestaran pues lo único que hacía era ayudar a vender los talis a cambio de comida.

Intento mandar amor a los policías del mundo pero suelen dejar un rastro de mala energía allá donde van, sobretodo los corruptos. El último día dormimos en Belekan, el pueblito más cercano en unas cabañitas a 150 rupias que recomiendo porque el dueño tiene un gran sentido del humor y del amor.  El tren de 30 horas a Ajmer fue genial yo estaba en la lista de espera pero me dieron una litera sin problemas. Es una ciudad con muchos musulmanes, el tren estaba lleno de ellos y nosotras encantadas porque los amamos -le ocurriría a cualquiera que viaje en autostop a un país musulmán en lugar de ver en la televisión supuestos ataques yihadistas-. Había música a menudo y nos inflamos a comer porque es difícil resistirse a picotear todos los snacks a 10 rupias que te ofrecen a cada rato.

En Ajmer se toma un bus a Pushkar por unas 15 rupias o un autorickshaw por 200 (que no os timen). Pushkar es la capital de la artesanía y el paraíso de los compradores de ropa, bisutería y souvenirs. Además tiene un encanto especial, la gente es extremadamente amable, no se si es en todo Rajastán o en Pushkar en particular. Esa vez fui la única turista que no compró absolutamente nada, porque no tenia un duro y porque en ese momento no pensaba para nada en volver a Europa . Así que me iba a meditar o simplemente a contemplar al lago sagrado mientras mi compa hacia sus compras con su amiga; como un novio o marido, pero a lo espiritual 😛

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Una tarde conocí a uno de los teloneros de Radiohead este año, que hacía la puja y me invitó a tocar con él los tambores después porque me vio el ukulele. No tengo ni idea de percusión pero fue mi experiencia más memorable de Pushkar, fue como entrar casi en17904001_10155265755383619_6944815880233462012_n un trance a través de la música. Además una hermanita del Rainbow que estaba en Pushkar me regaló una pequeña guitarra para seguir profundizando en la música. Los instrumentos son de las pocas cosas materiales que me alegran realmente la vida.

La amiga de mi compa, que acabó siendo compa y maestra de viaje, nos había recibido con un abrazo y un “¡os he conseguido trabajo chicas!” Y aunque mi alma hippie tiembla al oír ese sustantivo me dejé arrastrar al mundo laboral asalariado, por un solo día. (Me enfermé 10 después :-P)

Era otro trabajo de extra como el de Auroville donde además nos pagaron el transporte en sleeping bus hasta Delhi, dos noches de hotel en esa ciudad a la que nunca antes quise ir, porque tenían que tomarnos las medidas de la ropa (un show con todas las mochilas intentando disimular sin exito mi cabeza rapada) y dos noches más en el lugar de la grabación, casi cerca del Himalaya. En Delhi casi no salí de la habitación era un suplicio caminar por las calles turísticas ruidosas y sucias. Dicen que hay partes más tranquilas pero no sé si quiero volver para descubrirlas, aunque la fusión entre el desarrollo capitalista y la vida de hace un siglo es digna de ver. ¿Os imaginais como son los atascos? Pues imaginaros que estáis en uno a la salida del mercado y necesitáis ir al baño. Toda una experiencia espiritual.

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La grabación fue  cerca de Shimla, tardamos 14 horas en llegar desde Delhi con carreteras a medio construir y muchas curvas. Muchos vomitaron. Los demás extras eran casi todos rusos, pues tienen monopolizado el papel de turista en ese sector, y había una en particular que no paraba de quejarse en la furgoneta que casi nos amarga el viaje. A la vuelta tuve que decirle con mucho amor que su negatividad era muy infecciosa, y juraría que cambió un poco de humor.

La grabación no era una película sino un anuncio de joyas, algo que me enteré después y que fue difícil de aceptar para mi estricto código ético personal. Me parece una aberración malgastar tanto dinero en un anuncio estúpido para gente con dinero cuando se podría utilizar en escuelas u hospitales. Pero mi compa me estaba pagando todo lo que no nos pagaban desde que salimos de la playa, así que intenté pasarmelo lo mejor posible -y comer lo máximo posible-. El anuncio iba de una boda así que fue lo más parecido a una boda que he tenido en los últimos años, y lo único que tenia que hacer era sonreir cuando pasaba la cámara. Además sólo hacía de bulto de fondo, con mi pelo medio calvo y mi ligera perdida de peso solo podría competir con una rusa rubia de metro ochenta en una película sobre el holocausto;  así que podía relajarme mucho tiempo y disfrutaba viendo como los amigos del novio intentaban mantener la sonrisa después de estar todo el día fumando porros. La interminable grabación acabó a las 6 de la mañana con un gran desayuno y todos con cara de fumados, algunos por el cansancio,  y a las 12 ya tuvimos que dejar la cama y el baño privado del hotel que casi no disfrutamos. C’est la vie.

Despues de la “boda”, en un momento de crisis existencial estuve apunto de separarme de mi compa de nuevo para irme con los budistas tibetanos de dharam sala pero como el workaway de mis sueños, en un monasterio de monjas, era mínimo un mes acabé yendo a Rishikesh, la capital del yoga. Del yoga turistico, más bien. Ahí es donde estuvieron los Beatles un par de meses, estabamos de hecho al lado del ashram donde se quedaron en 1972 que -quiza por el mal karma?- está en ruinas. En el nuestro, Vedniketam,  pagamos 400 rupias al día por compartir una habitación las 3, el precio esta bien porque incluia dos clases de yoga y una meditación, pero a mi no me salían las cuentas, nos habian pagado 3500 rupias y a mi me volaron como por arte de magia. Qué curioso nunca había  tenido tanto dinero en India en mi bolsillo, y nunca me había preocupado tanto por el dinero, quizá me enfermé por eso. Y es que en el momento que tienes que pagar para dormir, es la ruina. Al yoga fui 3 veces, y no se por qué nunca me gustan las clases de yoga que dan hombres. A la meditación ninguna porque era a las 6 de la mañana. Y al tercer o cuarto día me enfermé como pocas veces en mi vida. Tampoco es que me fuera a morir, aunque avisé a mi hermano por si acaso, pero nunca había tenido fiebre ni una diarrea tan bestia así que a duras penas pude ir al hospital ayurvedico que por fortuna estaba al lado y me dieron unas hierbitas. No me cobraron ni quisieron aceptar una pequeña donación, qué grandes. No sé, supongo que nos confiamos porque después de 4 meses en la India bebiendo agua de todas las fuentes y comiendo toda la comida callejera habida y por haber, a todo esto, sin tener ni una puñetera vacuna puesta, no habíamos tenido ni un resfriado. Pero claro no es lo mismo el sur que el norte, y la naturaleza a la ciudad.

Lo que más disfruté fue del bañito sagrado en el Ganges, con atardecer con buena compañía y música del Rajastán incluida. En Rishikesh todavía es bañable para turistas porque no está tan sucio (no me quiero imaginar como estará en Varanasi). Quizá tragué un poquito de agua sin querer, o fue la ensalada de hortalizas sin lavar, pero ese fue el día que me enfermé jaja.

Después de una semana sin moverme tres pasos del baño tuvimos que dejar el ashram porque ya no nos quedaba dinero para pagarlo ( quedaba algo en la cuenta de triodos para el billete de vuelta pero pensaba que no podía sacarlo porque estaba la tarjeta medio rota). Miramos posibilidades para acampar pero eramos tres con tres mochilazas y una minitienda con la cremallera rota. Queríamos de hecho acampar en el ashram de Los Beatles pero se ve que había vigilancia, o eso dijeron las chicas que hacían “scouting” mientras yo hablaba con el water. No estaba en el estado idóneo para acampar a lo salvaje la verdad, pero hay que adaptarse a las circunstancias. En Rishikesh hay muchos “babas” que duermen al lado del Ganges, comen lo que les dan…y los falsos te piden dinero o te quieren vender marihuana. Yo fantaseaba con vivir como ellos, con los de verdad, pero por ser mujer me decían que era “peligroso”, quizá cuando sea mayor 😛

También nos decían que era peligroso acampar por los alrededores, no recuerdo si por animales salvajes o por indios animales. La verdad que si tuviera que hacer caso cada vez que me dicen que algo es peligroso…Pero total que decidimos dejar Rishikesh y nos fuimos dirección Dharamsala, que se estaría más fresquito, pasando antes con el tren por Amritsar, al Punjab, donde está el templo dorado de los Sikh; con 500 rupias en el bolsillo y todavía necesitando el baño cada 15 minutos. Lo veía todo muy negro, me decía a mí misma que la enfermedad había sido por no seguir mis principios éticos o mi propio camino, que había ganado dinero solo para preocuparme por quedarme sin y encima lo había gastado enfermandome, pero como siempre todo fue fluyendo. Supongo que para eso sirven las enfermedades, para hacerte reflexionar y hacer algunos cambios.

Esperando el tren muchas horas hicimos amistad con unas niñas, que eran parte de una gran familia imagino que gipsy, como mi alma, y aunque estábamos cansadas de cargar la mochila acabamos tocando música, bailando como si no hubiera mañana y lo pasamos en grande porque teníamos mucho tiempo. Cuando faltaba poco para que llegara el tren nos dijeron que teniamos que ir a otra estación y nos estresamos un poco…pero nos despidieron como si fueramos de la familia.  Me quedé con el manguerito de pulseras vacío de regalar, pero con el alma llena.

En ese momento de necesidad económica hicimos el gran descubrimiento del viaje en India: el vagón de mujeres de la clase general en los trenes. Primero, que en clase general no se paga. Osea, sí se paga, pero dudo que alguien lo haga porque nadie pasa a revisar. Y dos, que si los hombres respetan que es el vagón de mujeres, es una maravilla. Tienen que cerrarlo con pestillo para que no se cuelen en cada estación, porque lo natural es que no respeten mucho, pero las 3 estaciones o asi que duró el vagón sin hombres, fue el paraíso. Eramos pocas, el vagón era grande, te podías destapar un poquillo los hombros que nadie te iba a mirar con cara lasciva, podías dejar la mochila en cualquier lado porque nadie te iba a robar nada, se respiraba energía femenina…una delicia. Y encima se me paró la diarrea por unas horas, ¿Qué más se le puede pedir a la vida? -aunque tuve que reconciliarme con la medicina occidental y tomar antibióticos, por primera vez en 14 años.

Pusimos el yoga mat en la parte de arriba donde se supone que es para maletas y podíamos dormir estiradas, de a dos, yo con una señora. Pero como todo, el paraíso se acabó. Y en una parada una se dejó el pestillo abierto y entraron todos los hombres como un rebaño de cabras ocupándolo todo, también nuestra paz interior. Llamadme exagerada, pero me sentí de alguna forma violada. Le dije a uno “ligeramente” irritada:  “Oye! que es el vagón de mujeres!!” Y se me quedó mirando como si estuviera loca. De todas formas no pasó nada raro en toda la noche, pero sí que me sentía más inquieta.

 

 

¡Y esto es todo por hoy! Os voy a ametrallar de posts estos días si tengo tiempo porque dentro de poco volveré a seguir el camino del vagamundeo!

 

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