Marruecos Parte 2: Sahara, Atlas, Paradise Valley

Hay gente que paga un dineral para dormir una noche en el Sahara: los que trabajan todo el año, vienen una semana a Marrakech y contratan una excursión (no me lo invento, aquí podéis contratar una si no os va la vida hippie). Nosotras estuvimos unas dos semanas o más, pagando como mucho la comida y el hamam de 10DIH. Con lo que vale un tour de esos, que debe ser un tostón pues hasta en tus vacaciones sigues guiado como una oveja, podríamos vivir meses en Marruecos.

Llegamos a M’Hamid El Gizlane tras más de dos días de viaje con una familia francesa en su fantástico autobús-caravana. Fue gracias a mi compa que nos pararon a las afueras de Tafraoute porque yo estaba convencida de que era un autobús público y les hacía señales de que se fueran. Cuando dijeron que iban al festival de música nómada que íbamos nosotras no me lo podía creer, pues estaba a 500 kilómetros a través de carreteras desérticas, literalmente y calculábamos que tardaríamos 3 o 4 días. Tenían un bebé muy tranquilo y simpático y con ellos iba un amigo de Tafraoute majísimo que iba al festival a vender sus babuchas. Se acabaron convirtiendo en nuestra familia. De hecho al final no fuimos al festival más que tres horas en total, el resto lo pasamos acampando con la familia a las afueras del pueblo con otras dos furgonetas de franceses. Lo curioso de los festivales en Marruecos es que en los conciertos las mujeres  están separadas de los hombres, ellas tranquilitas a un lado y los hombres al otro, bailando como locos y pegándose de vez en cuando. Suerte que no beben alcohol, o almenos no a la vista. Los turistas en el medio, mezclados, de hecho el único grupo donde bailaban sin complejos hombres y mujeres juntos eran nuestros hermanitos del Rainbow de Ait Mansour, que12901395_10154150808853619_5420414114428518017_o volvimos a reencontrar. A pesar de la alegría de volver a verlos (la mayoría salieron antes en autostop y llegaron más tarde) yo no acababa de reencontrar mi lugar en el festival y prefería oír la música desde la tienda. Donde estábamos se acercaban muchísimos niños durante el día. Algunos de forma muy respetuosa, otros más asalvajados. Con los respetuosos me ponía la nariz de payaso y les tocaba el ukulele, se lo prestaba y si tocaba comer comían con nosotros. A los  que venían sólo por interés a pedir dinero o a toquetearlo todo les ignoraba.

Nunca se me olvidará verlos jugar a pelota con una botella de plástico, a pleno sol, riendo a carcajadas.

Acabó el festival, no sabíamos que hacer con nuestra vida pero una tormenta de arena -que además estropeó la cámara de fotos de mi compa- nos hizo movernos a todos; las furgos siguieron su camino y nosotras no sabíamos que camino tomar asi que fuimos al primer bar a hacer internet durante horas esperando una señal y que pasara la tormenta. La señal vino en forma de chica polaca que iba al Rainbow. Sí, al parecer había otro Rainbow, el World Peace Rainbow, es raro que hayan dos seguidos en el mismo país, pero parecía que el destino nos quería facilitar las cosas. Yo lo había visto en internet hacía tiempo pero no quería ir porque el que lo organizaba no me acababa de encajar del todo, aparte de que me parecía una locura hacer un rainbow en el desierto. Pero ya que nos había aparecido el Rainbow en nuestras narices, ¿por qué no? Todos nuestros hermanitos del anterior estaban ahí. La otra opción posible era hacer un workaway en esa zona, un par de chicos nos lo habían ofrecido -sospecho que un poco para ligar- pero tras la tormenta de arena no me apetecía nada trabajar en esas condiciones extremas. Así que esa noche dormimos en la casa del dueño del bar, que vivía con su abuela y tras limpiarle la casa de arena a la buena señora nos fuimos para el Rainbow caminando, pues estaba tan sólo a unos 3 kilómetros.

El Rainbow fue mejor de lo que me imaginaba porque había mucha gente bonita, conocía a la mitad y me sentí como en casa des del primer minuto. Además había una haima gigante donde nos refugiabamos del calor, el viento y la lluvia -sí, un día llovió y todo!- y nos obligaba de alguna forma a estar todos juntitos. El agua se traía en garrafas del pueblo, caminando o con algun 4×4 que venía de visita. Es cierto que el focalizador se pasaba de paternalista y alguna vez provocó mala energía pero fue mejor de lo que imaginaba.

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Lo mejor era el paisaje y la sensación de libertad, hubo un hermanito que se atrevió a desnudarse y todo, lo normal en cualquier otro rainbow, pero al no estar tan lejos del pueblo empezaron a llegar chicos jóvenes, cada vez más, con camellos o motos ruidosas. Igual que los niños unos venían con respeto, a conocer y compartir y otros venían a cazar mujeres, a veces hasta borrachos. Almenos eran buenos músicos, alguno había tocado en el festival. La última noche, uno que se había hecho el simpático y nos había invitado horas antes a ducharnos en su hotel a mi compa y a mí vino a mi tienda borracho a decirme en español que si quería ver lo grande que era su polla. Y algo más habría dicho a otra hermanita marroquí porque estaba muy disgustada y se quería ir a Senegal a vivir. Yo lo quería matar, pero bueno no soy vengativa y no voy a ponerle una malísima referencia en la web de su hotel, pues no creo que se comporte así en su trabajo. Creo que a estos chicos les da demasiado el sol.

Antes de marcharnos del desierto tuvimos la oportunidad de ir a las dunas de Erg Chegaga, no tan famosas como las de Merzouga pero impresionantes. No podíamos ni queríamos pagar un tour pero conocimos al dueño de un bivouac y estuvimos dos días allá gratis, durmiendo en haima de lujo y pensión completa, a cambio de trabajar unas horitas por la mañana, eso sí, a pleno sol. Limpiábamos de arena las haimas, movíamos cosas de un lado a otro para desempolvarlas e incluso llegué a ayudar en la obra del restaurante en construcción conduciendo un 4×4 – en el Sahara no importa que tenga el carnet caducado- para traer agua y cemento, que cargaba como cualquier otro hombre. El segundo ya no teníamos tanta energía ni estaba tan motivada, además que la energía sexual del dueño empezaba a agobiarme, pero nos reíamos mucho con uno de los trabajadores que era un encanto. De él aprendí a atarme el pañuelo como los saharauis, y aún en Barcelona me lo pongo así.

Tras dos semanas de clima extremo (aunque todavía no hacía demasiado calor, “sólo” 38 grados) nos dirigimos hacia la montaña, el famoso Atlas. Podríamos haber empalmado con otro festival de música del mundo en Merzouga, pero ya tenía ganas de montaña y de trabajar un poco, pues había apalabrado un workaway con una familia catalana-berber.

El autostop fue facílismo, aunque salimos tarde del desierto a las 19h ya estábamos en Ouarzazate, pero no teníamos fuerzas ya para llegar a Telouet, nuestro destino. No teníamos donde dormir pero en el último ride se había subido uno muy simpático que nos invitó a un té en casa de su primo. Nos enseñaron sus tiendas de artesanía y alfombras aunque perdieron la esperanza pronto de vendernos algo al ver nuestras ropas. Después nos dijeron de ir a dar una vuelta y tomar una cerveza. Ay. Yo le dije que no bebíamos pero bueno que una cerveza lo podríamos soportar. El problema es que no se bebieron una cerveza, sino 10 sólo en el primer bar, donde se dejó el tipo 500 dirhams. Nos decían que todo bien, que estaban acostumbrados, que tomábamos otra en otro bar y ibamos a comer tagine al riad de su primo. Se tomaron otras 5 o más, pero nosotras ya nos fuimos a otra mesa porque estaban pesadísimos. Yo le había advertido que no me gusta el alcohol porque la gente se pone agresiva y sexual, y el me decía: “Tranquiiiila, si no me tocas no te toco”. Y si no dijo esa frase 100 veces no la dijo ninguna pero cada vez se acercaba más. Todo esto en bares de hoteles carísimos porque en un bar normal no venden alcohol. Al riad a comer tagine llegamos a las 12 de la noche, por suerte había más gente, dos parejas..una era peruana muy simpática y estaba con su novio. Al final el novio y el “no te toco” casi se pegan, pues este ultimo empezó a decir que su novia era una puta y que iba a llamar a la policía. Y el novio decía que llamara y nos señalaba a nosotras como si fueramos putas también (unas putas un poco cutres, todo hay que decirlo). Yo recordándome del borracho de Goreme que llamó a la policía acusandonos de terroristas lo intenté calmar y nos fuimos del riad. Estuvimos dando vueltas a las 3 de la mañana por Ouarzazate porque estaban tan borrachos que no encontraban la casa y ahí me empezó a entrar miedo porque cada vez estaban más pesados con nosotras. Llegamos a una casa y dijeron: ah! es la casa del rey! y retrocedimos otra vez, yo los quería matar. Al final la encontraron, el primo se fue (el del autostop) y el otro nos puso unas mantas en el suelo y él a dormir en el sofa. Se paso el resto de la noche pegándose cada vez más a mi acercandome la manita, yo se la quitaba y me alejaba pero él se acercaba más. La madre que lo parió…no dormí nada. A las 8 de la mañana nos levantamos y el tipo tan normal: ça va? como si no hubiera pasado nada. Y yo ça va mal, ça va mal desgraciado…! ¿pero qué iba a ganar dándole el puñetazo que se merecía? Huimos a tomar café al primer bar. Allí llamamos al chico de workaway, me pareció  muy majo y me tranquilizó. Uno de los chicos que nos llevó en autostop era muy agradable y nos invitó a Agadir para ir al paradise valley, más adelante.

Las dos semanas y pico que estuvimos con la familia en Telouet fueron una bendición. El sitio maravilloso, alrededor verde con las montañas del alto Atlas de fondo; como hablaba catalán con ella parecía que estábamos en el pirineo. Teníamos una haima para nosotras pero como hizo mucho viento la bajaron y dormimos muy a gusto en una de las casitas en construcción. El trabajo era sencillo, pelar y cortar cañas para hacer un techo, aunque si me aburría podía plantar árboles o hacer lo que quisiera, aunque en ese momento lo más importante era el techo. Empezábamos y acabábamos de trabajar cuando queríamos, (yo siempre procuraba cumplir con las 5 horas pero nunca miré el reloj) si estaba cansada y me quería echar un rato podía. Ojalá fueran todos los trabajos así. Después del trabajo leíamos, tocaba la guitarra a solas o hacíamos un intento de música bereber como podíamos entre todos, era muy divertido.Yo tenía la intuición de que ibamos a conectar, pero se superaron mis expectativas, ahora son como de la familia también y espero verlos de nuevo, a ver como crece el petit. Por cierto, dos días vino un amigo de ellos también catalán y me sorprendió que viajaba de mochilero…a los 73 años, que por supuesto no aparentaba. Todo un ejemplo a seguir.

 

Nos podríamos haber quedado con ellos el resto del viaje, tan a gusto, pero queríamos ver un poquito más de Marruecos. Así que fuimos a Agadir también a dedo sin mucho problema, aunque un trozo tuvimos que suplicar un poco porque no pasaban coches jaja. Contactamos al chico del autostop y nos quedamos en casa de sus padres como cuatro días, esperando a que su amigo librara de trabajar para ir todos al paradise valley. Me empezaba a sentir incómoda de lo bien que me trataban, me levantaba y enseguida tenía el desayuno en la mesa, comida, merienda y cena. Y no me dejaban ni fregar un plato encima. Nos sentimos en casa otra vez y otra vez nos dio penita irnos. La madre del chico se ponía casi toda tapada y de negro para salir de visita pero en casa sólo llevaba un pequeño pañuelito y su marido era un hombre buenísimo que en ningún momento la trataba mal. Quien piense que las mujeres que llevan burka o pañuelo sufren de machismo no tienen ni idea, no tiene nada que ver.

Dudo de que en mi país me traten tan bien como me han tratado en Marruecos.

Fuimos al paradise valley en autobús como excepción porque los chicos tenían el tiempo limitado, pero al ser fin de semana nos encontramos con el valle del infierno. Lleno de domingueros que por una extraña razón venían a la naturaleza a gritar como locos, a cantar himnos de fútbol y a dejarlo todo lleno de basura. No os podéis imaginar la cantidad de basura que había, me lloraba el alma.  Por suerte antes de que los chicos se fueran conocimos a lo mejor del valle, los nativos del pueblo, y nos indicaron un sitio para acampar tranquilas arriba de la montaña, rodeadas de árboles de argan. Estuvimos como diez días en un sitio mágico.

Por la mañana yo me dedicaba a limpiar basura, y ponía las bolsas con un cartelito para que la gente se la llevara a la ciudad, si eran turistas se lo pedía directamente en inglés, porque de otra forma se acumula en el valle y la queman pero muy poco a poco, con lo malo que es quemar plástico. A veces me encontraba comida, me invitaban a desayunar en uno de los restaurantes y muchos me daban las gracias. Sospecho que alguno que me dio las gracias se dejó la basura después.  Mi compa mientrastanto ponía el parche  y algo vendió, nos vino genial para comprar comida tranquilas. Funcionamos un poco así, ella se ocupa más de los asuntos internos y yo disfruto más fuera de casa – o mejor dicho de la tienda- trabajando gratis para la comunidad, aunque de vez en cuando hago alguna pulsera…

Un fin de semana salimos del valle para huir del infierno dominguero y de paso recoger la13123074_10154224685953619_4991284367999685396_o mochila que habíamos dejado en Tagazout al principio del viaje. El autostop que nos recogió tras caminar unos kilómetros iba a Agadir así que fuimos otra vez para hacer internet y comprar un poco de aceite de argan para mi madre, pues es el mejor sitio de Marruecos para comprarlo. En el souk nos pasó algo muy curioso y representativo: estábamos sentadas a la sombra preparando un sandwich pues estábamos hambrientas y de repente sin pedir nada, antes de sacar el ukulele siquiera, aparecieron personas que nos traían comida. Uno sandía, otro fresas, que si un mango a punto para comer, pan, una pulsera…y hasta té a la menta. También nos ofrecieron casa si necesitábamos. Como reinas. Les dediqué mi correspondiente “Somewhere over the rainbow” a cambio.                          

¡Benditos “terroristas” islámicos!

En Tagazhout encontramos alojamiento por 30 dirhams las dos en un apartamento de lujo (sólo tienes que decir que puedes pagar sólo 30 y te viene, pues íbamos a dormir en la playa) pero no encontramos la mochila…entera. Nuestra amiga se había ido y la había dejado en un hostal de surferos a manos de un noruego que había pasado de la mochila y también se había ido. Por la noche la recepcionista nos dijo que no había visto la mochila en mucho tiempo…pero yo la noté como nerviosa, así que volvimos a la mañana siguiente y un chico nos trajo lo que quedaba de ella. Claro se habían ido repartiendo lo que habían querido, 40 collares, pulseras buenas, ropa…sólo dejaron algunas piedras y cosillas, entre ellos mi Corán. Casualmente ese día habían robado a algunos trabajadores del hostal, tablas de surf, el portátil a la recepcionista…llamadlo casualidad…o karma. Mi compa estaba triste pero yo intentaba alegrarla con eso de que estábamos aprendiendo una lección sobre el desapego (y a no traer cosas que no eran imprescindibles ni a dejarlas con gente que viaja continuamente), claro que esa artesanía la había hecho ella, era para trabajar en verano y pagarse el billete a la India o a Argentina pues valía mínimo 500 euros. Pero…¿Quién necesita dinero mientras le queden dientes para sonreír? Mi compa aún con su tristeza le regaló un anillo  de los que habían quedado a la limpiadora del hostal, y me enamoré aún más de ella. Voy a hacer más pulseras.

Al volver al valle del paraíso-infernal me esperaba lo peor, montañas de basura de nuevo con la oleada de domingueros gritones. Pero me llevé una gran sorpresa: un grupo de estudiantes marroquíes con camioneta habían limpiado y habían puesto carteles de conciencia en todo el valle. Os juro que casi lloro.

Todavía queda esperanza para un mundo mejor…

…y la última parte del viaje por contar, a pocos días de volver a colgarme la mochila.

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Un comentario en “Marruecos Parte 2: Sahara, Atlas, Paradise Valley

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