Marruecos Parte 1 (De Casablanca a Ait Mansour)

Me parece hasta indispensable contar cómo ha ido el viaje de casi 3 meses por este maravilloso país, pues por desgracia la mayoría pensarán que he estado  rodeada de terroristas y personas que huelen mal. Antes de irme una de mis amigas del instituto me dijo :

¿¿Te vas a Marruecos?? ¡¡Qué asco!!

y aunque me dio cierta tristeza que pensara así -sé que no es la única- me lo tomé a risa y me acordé mucho de ella en el viaje.  Cierto que algunos sitios de Marruecos no están hechos para corazones delicados, que en algunas ciudades  se acerca mucho pesado e interesado , los olores pasan del más nauseabundo al más maravilloso en menos de un minuto y algunos baños públicos  son para aguantarse las necesidades, como pasa también en Barcelona; pero si estás en la naturaleza y en pueblos pequeños, vas a disfrutar mucho de este país,  de su comida sana, barata y natural, de sus paisajes de ensueño y sobretodo de la hospitalidad sin límites de su gente, especialmente si viajas en autostop y con el corazón abierto. ¿Quieres saber como dos chicas, además pareja, “sobreviven” en un país islamista con poco más de 200 euros en el bolsillo? Sigue leyendo. 

(Mis disculpas si lo detallo todo demasiado, -en realidad me guardo muchas cosas-, pero lo creo necesario para que los que nunca han viajado así sepan como funciona la cosa).

 

“Llegamos a Casablanca en avión a la 1 de la mañana, en un vuelo low cost que al final salió un poco más caro por no haberlo tomado con más antelación, pero mi compa tenía que salir ya de Europa por la pinche visa (a Fes o Nador se pueden encontrar vuelos por 15 o 20 euros). Dormimos obviamente en el aeropuerto, con ese miedito típico de cuando acabas de llegar a un sitio desconocido. Nadie nos molestó ni nos robó aparte de la cafetería que nos cobró 36 dirhams (unos 3’60€) por dos cafés de mierda. Más tarde descubriríamos que por ese precio puedes comer un tagine para dos y dos hariras (sopa) con pan rico.

Cuando no conoces un sitio y tienes algo de miedo de hacer autostop o acampar, pagas más, así que nos gastamos bastante para salir del aeropuerto en un tren (carísimo para nuestro pequeño presupuesto, 42DIH por cabeza) y llegar a la ciudad. No estuvimos en Casablanca más de 2 horas porque no nos interesan las ciudades, así que tomamos el primer bus a El Jadida. Después de muchas vueltas para encontrar la carretera correcta y sentirme como un bicho raro (me vino la sempiterna pregunta de los principios: “¿quién coño me manda venir aquí?”) conseguimos un par de rides que nos alejaron por la costa unos 80km. El primero quería casarse aunque estaba la hija pequeña en el coche, pero el segundo era un chico super amable con perfecto inglés que se convirtió en amigo, almenos de Facebook. Otro más con un buen coche, un “buen” trabajo, un buen Iphone…pero yo no le notaba feliz del todo.  Nos quiso llevar mucho más lejos de lo que iba él y de camino  nos paró la policía, la gendarmería real que está en los pueblos, y le querían multar 300DIH porque mi compa se había olvidado el cinturón. Dijo que eramos compañeras de trabajo de la multinacional francesa donde trabajaba, sino habría tenido problemas porque aparentemente turistas y marroquís no pueden juntarse si estos últimos no tienen una autorización del rey. Me quería morir, le íbamos a pagar la multa, pero al final llamó a algún familiar alto cargo y se la quitaron. Así funciona la cosa. Cuando más tarde hemos ido en autostop con turistas sin cinturón alguno y de pie en una autocaravana los gendarmes nos saludaban y sonreían, pero a su gente los machacan, siento decirlo.

Nos dejó ya casi de noche en un parking para caravanas de Oualidia donde pudimos plantar la tienda por 20DIH al lado de la caseta del guardia, aunque nos costó convencerlo. Nos ofreció dormir con él en su cama, pero no nos pareció muy apetitosa la idea.  Al día siguiente nos pusimos en ruta temprano, un chico nos alejó del pueblo y un autobús nos paró y nos llevó gratis hasta Safi porque dijimos que teníamos poco dinero.  Desde luego si seguíamos pagando transporte estaríamos arruinadas en una semana. El chico del bus hasta nos compró un dulce al llegar a la estación y espantó a los que se acercaban a vendernos cosas. Ahí me sentía muy cansada y sin fuerzas creo que estaba incubando algo porque había cogido frío en el aeropuerto o igual de mi familia que los había dejado griposos, así que tiramos la casa por la ventana y tomamos otro bus, regateando bastante, hasta Essaouira. Allá  nos dejamos engatusar por los que ofrecen habitaciones porque no me sentía como para acampar y conseguimos una habitación en una casa familiar por 60DH las dos, por supuesto con baño común, agua fría y la cama que picaba hasta con el saco de dormir encima. Almenos pude recuperarme antes de enfermarme del todo, ya que no tengo seguro médico ni ganas de ver a uno. Essaouira no está mal tiene una playa bonita, la medina no es excesivamente agobiante…pero nos fuimos a la mañana siguiente porque queríamos llegar a tiempo a un Rainbow Healing en Tafraout, a muchos kilómetros todavía. Cuando nos íbamos en un minibus para salir de la ciudad, un tipo me pegó una patada en el culo, literalmente. Nunca nadie en mis 29 años me había hecho eso en serio, que yo recuerde y mi primera reacción fue agarrar una piedra pero diría que sin intención del todo de tirarla. Mi compa que no se enteró de nada pensó que me había vuelto loca. Nadie dijo nada y yo pensé indignadísima: “qué país tan machista agreden a una mujer y todos se callan”. En el bus nos dimos cuenta que el tipo estaba como una regadera pues se revolcaba por el suelo debajo de los puestos de fruta, así que me alegro de haber controlado mi agresividad, anda que si le abro la cabeza y viene la policía o me contraataca…mejor ser como Gandhi.

Tomamos el bus equivocado porque nuestro mapa de papel era una birria y en lugar de Smimou nos llevaron a Sidi Kaouki por más de lo que valía realmente, asi que dimos una buena vuelta. (Un mes más tarde nos dijeron que esa playa está buena para acampar, apuntadla). Gracias a eso, haciendo autostop sin mucha esperanza porque pasaban pocos coches nos recogió un ángel, una mujer con un buen todoterreno que había vivido en Italia. Practiqué mi italiano con ella y me pareció una mujer interesante y fuerte lástima que sólo iba hasta Smimou. Llevaban por cierto una cabra  en el maletero que de cuando en cuando berreaba y nos mataba del susto.  Al dejarnos me quedé con la boca abierta, nos pagó un taxi compartido hasta Tagazhout, donde nos esperaba una amiga de mi compa y nos dio 400DIH, unos 40 euros. Yo no quería aceptarlo, pero insistió, la verdad es que nos venía como agua de mayo. El camino con el taxi fue un infierno porque íbamos 4 atrás apretujados durante 100km (normalmente caben 7 y hasta que no se llena no se va).pero menos estresante que hacer autostop 3 horas antes del atardecer. En Tagazhout estuvimos dos días en casa de la chica, incluso nos encontramos con una hermanita que habíamos conocido en el Rainbow de Macedonia. Este pueblito pesquero antes era hippie, pero ahora es surfista y está lleno de turistas surferos con dinero, así que la mayoría de cosas son más caras, te cobran sin inmutarse 20DIH por un té a la menta pero también hay bares para locales que se come tagine y pescado barato.

A mi no me acaba de gustar la energía del todo, pero para turistas o recién llegados está bien supongo. Para la próxima visitaremos Imsouane, que pasamos de largo y me han recomendado mucho.

Dejamos una mochila con 5kg de peso con  nuestra amiga porque íbamos muy cargadas y seguimos en autostop hacia Agadir donde sólo estuvimos de paso. Flipamos un poco en el souk, el mercado, porque vendían pollos vivos y había cadáveres enteros de no sé que animal ahí colgados tan alegremente…no sé, choca un poco. Nos agobiamos porque se hacía de noche y no teníamos donde dormir, y no me gusta dormir en la calle en una ciudad grande, siempre hay algún malandro suelto. Así que caminamos y caminamos hacia la salida de la ciudad hasta que encontramos una gasolinera y casi nos metimos en el primer coche con un conductor con cara de buena persona que nos sacara de ahí. Tuvimos suerte, el hombre era agradable hablaba inglés y iba cerca de Tiznit, aunque hizo como un intento de darme un beso cuando estábamos tomando te que me desconcertó pero que hice como si no hubiera pasado. No nos invitó a su casa, tampoco hubiera ido después de eso,  pero negoció el precio en un hotel de carretera que él conocía, y nos salió también por 60DH, la mitad del precio inicial. También picaba la cama pero al menos tenía ventana, sofa y un rato de agua caliente.

Por la mañana llegamos a Tiznit fácil con unos jubilados holandeses en una autocaravana muy linda pero tampoco paramos mucho, debe estar bonita esa ciudad pero mis viajes no son tanto para ver monumentos o murallas sino estar en la naturaleza, conocer gente bonita y crecer espiritualmente, destruyendo precisamente mis murallas de ignorancia y miedo.

Sí notamos un cambio importante en el carácter de las personas: mucho más amables que en los sitios que habíamos estado, todos te decían bonjour con una sonrisa pero sin segundas intenciones: a partir de Agadir estaríamos en territorio de mayoría bereber, aunque prefiero llamarlos con su nombre original: amazigh, pues bereber viene de barbaro y lo pusieron los europeos Son los primeros pobladores de Marruecos antes de que llegaran los árabes y diría que son diferentes, aunque no conocí a tantos árabes puros pues el 80% de Marruecos tiene origen amazigh o mixto. En el sur son mayoría. Tienen lengua y cultura propia pero en el pasado se les ha reprimido bastante y sólo ahora empieza a enseñarse en las escuelas. Tuvimos que esperar bastante para el autostop pero una vez más tuvimos suerte: un camionero no pervertido y una pareja de turistas ucraniana-marroquí nos llevaron directamente hasta Ait Mansour, donde en teoría se hacía el Rainbow. Ni siquiera pasamos por Tafraout. Yo estaba preocupada porque estuvimos un par de horas atravesando un desierto rocoso con pueblitos aislados y me preguntaba de donde iba a sacar el agua y la comida, sólo teníamos medio litro y unas mandarinas. Además el rainbow no estaba muy claro si se hacía o no porque el organizador no daba señales de vida en el grupo de Facebook. Pero todo fluye y al llegar al oasis de Ait Mansour nos indicaron donde estaba el rainbow, a dos pasos. Conocimos así a un grupo de gente maravillosa, marroquíes e internacionales, que se convirtieron en mi familia para siempre.

Una oye hablar de los oasis en el desierto pero no se acaba de creer que existen. Es un poco como lo imaginaba de los libros y las películas, en medio de la nada, de paisajes áridos y secos aparece un palmeral con un río y árboles frutales (en este caso había almendros, granados…pero un poco pasados de fecha ya). Como siempre, no había nada por lo que preocuparse.

Ha sido el rainbow más fácil de mi vida en tema de abastecimiento: había un río al lado con agua buenísima, madera y dátiles por todos lados. La comida se traía de Tafraout cada ciertos días y nunca faltaron frutas verduras, lentejas y arroz. La tierra donde estábamos era privada, aunque no lo sabían al principio, pero Ibrahim el dueño es un gran hombre y cuando vino la policía dijo que eramos sus invitados. Cada día venía a vernos y se sentaba en el fuego con nosotros y nos decía que podíamos quedarnos todo el tiempo que quisiéramos. Era efectivamente un rainbow no oficial pues el focalizador original había desaparecido del mapa pero he comprobado que con almas bonitas no hacen falta focalizadores.

 

El único problema en todo caso  fue la cercanía a la civilización, pues en Ait Mansour vive poca gente pero algunos lo bastante tradicionales como para no tolerar que unos hippies se bañen desnudos en el río. Suerte que no nos vieron a mi compa y a mi en actitud cariñosa jaja estaría de vacaciones en la cárcel con gastos pagados. Cuando apareció la policía de nuevo nosotros decíamos que los nudistas eran una pareja que ya se habían ido pero además no querían que los marroquíes estuvieran con nosotros por “nuestra seguridad”. Nos pidieron los pasaportes a todos y dijeron que los extranjeros podíamos estar todo el tiempo que quisiéramos pero que los marroquíes se tenían que ir. Yo con mi francés de mierda les expliqué que eso era injusto y no tenía ningún sentido, que no eramos superiores a los marroquíes simplemente porque tenemos pasaporte de países ricos, además no eramos turistas sino viajeros sin un duro que quieren conocer la cultura local y eso sin locales es difícil, y que si los marroquíes se iban, nosotros íbamos con ellos, como al final hicimos unos días más tarde.

El último día limpiamos el terreno de Ibrahim que estaba llenísimo de basura y le dimos lo que había sobrado del sombrero mágico, lo que se recauda a donación para comer, precisamente porque nunca había pedido dinero aunque se había caído de una palmera recogiendo dátiles y no tenía ni para los gastos médicos. Estamos invitados a volver cuando queramos, y la verdad, no me importaría. Nos invitó a mi compa y a mi a un tagine buenisimo en su casita humilde antes de irnos y su sobrino nos regaló unas babuchas. Si pasáis por Ait Mansour, mandadle saludos y agradecimiento de mi parte.

Algunos se fueron hacia otros lados pero la mayoría acabamos encontrándonos de nuevo en Tafraout (nosotras nos permitimos un dia de hostal cutre por nuestro aniversario y el hamam  que por 15DIH me quitó la piel de lagarto que me habia dejado el aire seco).

Después tuvimos el autostop más largo y bonito hasta la fecha: tres días con una familia francesa en un autobús-caravana por carreteras desérticas y oasis.

Destino: el Sáhara, pero eso lo cuento mañana 😉

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