Turquia (3ª y última parte)

Las tres últimas semanas en Turquía fueron también intensas. Llegamos tranquilamente a Fethiye desde Samandag, casi 1000km, en 4 días. Un camionero nos llevó a Adana pero dimos una vuelta importante y hasta le ayudamos a descargar pollos porque quien tenia que hacerlo no llegaba. No me acuerdo el nombre del pueblo, Osmanye creo, pero si de ver a las mujeres super tapadas. Nos dejó en una gasolinera de noche después de invitarnos a un durum y los mismos trabajadores de la gasolinera, después del té gratis, convencieron a un chico para que nos llevara a Mersin. El chico no hablaba inglés pero no quería dejarnos dormir en la playa, así que llamó a su amigo que nos invitó a un apartamento, nos duchamos, dormimos en cama doble, picoteamos unos huevos revueltos en el suelo, pues eran kurdos…y a la mañana siguiente nos dejaron en un parque con unas pastitas de panadería.

(En el grupo de facebook podéis ver el video de “Buenos días, Mersin!“)

No fue fácil salir de la ciudad, otro que nos ofreció dinero por sexo nos alejó un par de km, nos echaron de una gasolinera, un hombre se apiadó y convencióSAM_7179 a un conductor de bus para que nos sacara, nos llevó 60km! El bonito recorrido entre la montaña y el mar hasta Alanya, altamente recomendado, lo hicimos con un buen hombre gracias a que rechacé a otros con  cara y energía de puteros. Efectivamente una mujer nos dijo que esos hombres no eran buenos. En Alanya acampamos en la playa, intenté hacer palomitas que era lo único que teníamos pero casi no tenía aceite así que no cenamos más que 10 palomitas a lo sumo!

 

De camino a Antalya, lo más gracioso. Empezamos a encontrarnos policía que nos pedía el pasaporte cada 20 metros, no nos dejaban estar en las gasolineras, nos hicieron caminar media hora cargadísimas como ibamos…¿por qué?

Era jueves y el sábado era la cumbre del G-20 en Antalya. ¡Coño qué casualidad!

Yo intentando escaparme del mundo en la playa y me encontraba a cuatro pasos de Obama, Putin y los inconscientes psicópatas que gobiernan el mundo. Claro el despliegue policial era espectacular, deben vivir en el miedo permanente esa gente. Enfadada con el mundo y el dinero público despilfarrado, caminamos hasta que un taxista de lujo se apiadó de nosotras, aunque estaba prohibido pararse. En Antalya muertas de hambre compartíamos un yogur cuando otro buen hombre se acercó y nos invitó a tomar café. Decidimos confiar en él y nos preparó una comida riquísima y al final nos quedamos a dormir. No quería que nos fuéramos, pero ya empezaba a enamorarse de mi compañera y a proponer cosas raras con un amigo que nos llevaria a Fethiye a cambio de mi “atención”, pero podría ser que el google translate nos jugara una mala pasada.

 

Con un par de rides fáciles (en esta parte de Turquia, más turística, la gente es más abierta y habla más ingles) llegamos a nuestro destino, Oludeniz. La playa paradisiaca que habiamos visto en fotos resultó ser privada pero acampamos igual 3 o 4 días, medio escondidas. Nuestra economía estaba resentida, así que llegué a comerme un queso de cabra caducado de 5 meses que el hombre de la tienda me regaló bajo mi propia responsabilidad. Sigo viva! También le echábamos imaginación: de primero sopa de papas con cebolla y de segundo papa y cebolla a la brasa. Lo bueno es que montamos la tiendita y no sólo nos dejaron vender sino que muchos hombres que vendían tours de parapente y paseos en barco nos compraron algunos collares, lo justo para comer. Si hubiéramos sido hombres ni nos hubieran mirado desde luego. Por un collar “el capitán”, un buen hombre que se convirtió en gran amigo nos llevó al Butterfly Valley en su barquita, cuando nos hubiera costado 30 euros cada una. Recomiendo el bar de parapentistas Hector, al dueño no lo tratamos tanto pero los trabajadores nos trataban muy bien y nos daban sopa y pan buenisimo gratis o muy barato gracias al capitán.

Decidimos ir a Kabak, otra playa paradisiaca, medio caminando medio en autostop, pues hay un sendero muy famoso, el Lykian Way con vistas espectaculares de la playa privada. En medio de la montaña nos encontramos a un grupo de mujeres turcas super alegres que se pusieron a bailar como locas cuando canté una cancioncita. (También podéis ver el video en Fbk).

Allí pasamos el cumpleaños de mi compa, en el “restaurante-hotel Madre Naturaleza” llegamos casi sin comida ni agua pero pude negociar con unos granjeros un quesito, olivas, tomates y 2 huevos de gallinas libres por 10TL, y como encontramos un grifo ya estábamos bien felices. Si no hubiéramos ayunado que también es muy bueno física y espiritualmente.

Cuando hay amor y naturaleza, el dinero no es más que un trozo de papel.

Al volver a Oludeniz negocié un super precio para que mi compa volara en parapente, pues había pasado una semana viendo a la gente volar y le daba cierta envidia sana no poder hacerlo, pues le encanta. Si amas a alguien, tienes que permitirle volar, muy alto!

Por si fuera poco el capitán se lo curró y nos invitó a un restaurante de lujo de su amigo con una mesa frente al mar llena de velas, flores y corazones, y comimos pescado que él mismo había llevado. Y en ningun momento, aunque se le veía que le gustaban las mujeres jóvenes, intentó ni siquiera ofrecerme dinero por sexo. Si van a Oludeniz y ven a un hombre con gorro de capitán, denle un abrazo de mi parte! Nos fuimos con penita ya con dirección a Estambul, pues siempre fue una de esas ciudades que me moría por ver y las circunstancias hicieron que lo dejara para la última semana.

Increíble, cuando sólo llevábamos 80km (calculábamos que tardariamos 2 o 3 dias) dije en broma, va, que el próximo coche nos lleva directas a Estambul. Y así fue. Una pareja muy amable y muy de izquierdas nos llevo en unas horas hasta la gran ciudad, donde tuve que buscar urgente un couchsurfing.

Es curioso todo el mundo habla maravillas de Estambul, y sin embargo, yo que venía de la playa y el silencio, me quería matar, literalmente. 15 millones de personas corriendo de un lado a otro, un ruido infernal, humo, estrés, estímulos por todos lados, comida que no podía pagar porque estábamos peladísimas…para mi fue un shock. Sólo me enamoré de los músicos de Taksim (y los dulces que hay para probar gratis en las tiendas de Baklava) pero aún así tuvimos que escaparnos tres días a una de sus islas, Kinaleada, donde había más gatos que personas. De hecho creo que el paseito en ferry a precio de metro y las islas son lo mejor de Estambul. Allá acampamos sin problema y conocimos un buen hombre deportista que sin pedirlo nos trajo un montón de comida y mantas, pues hacía algo de frio y llovió, además de un pescador que apareció de la nada y nos trajo pescado frito en un papel de periódico.

Al volver intentamos vender algo en Taksim pero hay tanta competencia que no vendimos nada, de hecho teníamos que caminar cada día 2 horas por no poder pagar el metro, aunque la gente es tan amable que te ven de fuera parado en la entrada y te pagan el billete con su Istanbulkard (una tarjeta indispensable si no quieres arruinarte en el transporte).

 

Y cuando llega el día de marcharnos (la última noche casi no dormí porque me quedé hasta las tantas teniendo una conversación muy interesante con los chicos que nos acogían del CS sobre el amor, fliparon claro porque les decía que podían amar a hombres también y cosas así), llegamos al aeropuerto, facturamos las mochilas, vamos a pasar el control de pasaporte y…sorpresa!! El policía llama por teléfono a otro con muy mala leche y dice: Illegal!! Y nos llevaron a la comisaría.

Perdimos el vuelo, porque en la frontera de Grecia no nos habían puesto el sello de entrada, aunque lo habíamos pedido expresamente. Decían que habíamos entrado ilegales y que nos tenían que tomar las huellas, mandarlas a Ankara…y tardaba 5 horas ese proceso. Le lloramos, le enseñamos las fotos haciendo autostop en la frontera, le dijimos que no teníamos dinero suficiente para otro vuelo…nada, teníamos que comprar otro vuelo como fuera y luego nos tomarían las huellas. Yo me quería matar.

Total que pasamos 3 días viviendo en el aeropuerto, estilo pelicula La Terminal, hasta que conseguimos el dinero mendigando. Sí, mendigando, por primera vez en mi vida. Ni siquiera podía pedir ayuda a mi familia porque era fin de semana y los bancos están cerrados, además no me gusta depender de ellos, mis padres ni se enteraron de hecho porque no quería preocuparles, así que decidimos poner un cartelito explicando el error burocrático que nos tenia atrapadas ahí y mucha gente se interesó, aunque yo estaba tan triste que ni ganas de hablar tenía al principio, sólo lloraba. Nos comimos los dulces y parte del tahini que traía a mi familia, cambiamos pulseras por sopa, en un restaurante se portaron especialmente bien, nos daban un montón de pan para el tahini. No veas que flatulencias tenía después jaja.  Hasta en el burger king nos dieron pan por una lira. Lo bueno es que conocimos un montón de gente, de Irak, de Palestina, de Marruecos, que por diferentes razones dormían ahi, creamos una pequeña familia y un hombre que llevaba 4 años viviendo en el aeropuerto Ataturk que recientemente se había trasladado al Sabiha me llevó a la cantina de los trabajadores a comer de las bandejas con las sobras. Me inflé a gusto sin verguenza ni asco y las mismas trabajadoras nos pusieron un plato de comida nueva y postre de chocolate. Así es Turquia! Al final empecé a habituarme y podría haberme quedado más días y hasta empezar a ser feliz, al fin y al cabo teníamos baño, wifi, comida…hasta compuse una canción. Un día estaba con el ukulele y me vino el guardia de seguridad muy mosqueado preguntándome por el pasaporte y sorprendido que no fuera de Syria sino española, porque el palestino se había fumado un cigarro cerca y pensaban que era un porro.

Por suerte el 2º billete nos costó más barato que lo que ponía en internet, algún descuento por cancelación supongo, así cuando fui a la taquilla a llorarle de nuevo resultó que pude comprar los billetes con lo que teníamos, 68€ (suerte que la previsora de mi compa no había gastado sus últimos 50€ de emergencia como había hecho yo, así que no necesitamos mendigar tanto) . Nos sobró un par de liras. Pero sufrimos hasta el último momento, porque al haber sido sospechosas de terrorismo por el puto borracho de Capadocia (ver Turquía 2ª parte) temí hasta el último segundo que nos detuvieran. Hasta el policía que nos tomó las huellas era de Goreme, pero no le contamos nada, creo que algo vio en los archivos. Nos dijo que tuviéramos cuidado la próxima vez y que no podíamos entrar a Turquia en 2 años. En ese momento me dio igual, pero ahora me jode un poco. Cuando llegamos a Barcelona ni siquiera teníamos para tomar el tren así que tuve que llamar a mi hermano desde un móvil prestado.

Historias para contar a los nietos…no tengan miedo de viajar, pero sí, hay que ser precavido con la burocracia, los policías, los pervertidos y los locos borrachos.

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