Turquia (2ª parte)

Viajar con la casa a cuestas y el dinero mínimo es maravilloso, pero no siempre es fácil, ni mucho menos cómodo. Además de los dolores de espalda por dormir casi a ras de suelo y el frío por las noches tenemos quizá más posibilidades de tener buenas y malas experiencias con las personas, al tener que confiar en muchas cada día. Esta segunda parte del viaje tiene alguna anécdota “negativa”, pero ahora nos reímos de ello. Este es un blog positivo, pues ya hay suficientes cosas negativas en el mundo, pero sería hipócrita si no incluyera la otra cara de la vida mochilera, y particularmente, de las mujeres mochileras.

Preparen las palomitas 🙂

Al llegar a Goreme, en plena Capadocia, decidimos ir a un hostal que nos habían recomendado porque era muy barato (10TL/3€). Nunca podemos permitirnos hostales pero a parte de un día que nos invitó un amigo en Olympos a su pensión hacía dos meses que no dormíamos en una cama o que nos duchábamos con agua caliente.

Al principio fueron muy amables, sobretodo el trabajador iraní, que nos invitó a cenar con ellos unos huevos revueltos. El dueño estaba un pelín borracho pero era simpático, nos hizo sentir como en casa, podiamos poner la musica que queriamos en el ordenador…me sorprendió que cuando vino su padre dijo que la cerveza era mía. Me imaginé que sería un musulmán muy estricto. Hubo un momento que se tomó una pastilla diciendo que era éxtasis, y hasta nos ofreció, yo le rechacé riendo porque pensaba que nos estaba tomando el pelo. Después de la ducha y lavar la ropa seguimos conversando, yo le hablaba de amor, de que no necesitaba beber alcohol pues es una adicción impuesta de alguna forma por el sistema. Nos hacen sentir inseguros, y tenemos una vida tan vacía que luego somos incapaces de vivir y socializar sin beber o consumir substancias adictivas. En algún momento la conversación apacible pasó a la política, él decía odiar a Erdiogan pero respetaba la opinión del 52% que lo votaba. Yo sólo dije que no era el 52% de la población total sino el 52% de los que votan, que suelen ser los más conservadores. Ahí se le giró la cabeza y empezó9 a decir que yo no debía opinar de su país, que no me quería en su hostal, que me fuera a mi país. Yo le dije claro, nos vamos ahora mismo. Mi compañera ni se enteró, seguía poniendo música, le dije que nos íbamos…pero al tener las mochilas puestas nos cerró el paso. Dijo que como sabía él que no eramos terroristas. Que iba a llamar a la policía y que esperaramos a que nos revisaran las mochilas. Yo flipé, forcejeamos, el trabajador que recién salia de ducharse intentó encerrar a mi compañera en la habitación porque el otro se lo dijo, empecé a gritar Help!Help! pero nadie salió a  ayudarnos.  Además dijo que tenía una escopeta. Toda una película de terror de esas que ya no veo. Al final yo también llamé a la policía 3 veces, él mismo me dio el número, y por suerte llegaron enseguida. Lo increíble es que ninguno hablaba inglés y que le creyeron, al tipo loco que apestaba a alcohol. Nos metieron en el furgón, nos interrogaron por teléfono con una traductora que no se enteraba mucho, nos registraron las mochilas metralleta en mano…cuando vieron nuestra ollita quemada por el fuego se asustaron un poco, pero al ver que sólo teníamos instrumentos, collares y ropa mojada se relajaron.El loco se acercaba gritando de vez en cuando y se encaró con uno de los militares, pues al ser un pueblo pequeño no había policía sino militares. Aún así, a él lo dejaron tranquilito y nos llevaron a nosotras a comisaría, nos interrogaron más con un buen traductor, tuvieron que llamar a una chica que no estaba de servicio para que nos registrara el cuerpo…al final acabamos riendo, eran todos muy simpáticos y jóvenes,la mayoría de servicio militar obligatorio, y acabamos tomando té y galletas.Como no teníamos donde ir les pedimos que nos llevaran a la estación de autobuses de Nevseir.

Nunca más iremos a un hostal me parece. Y por favor, no vayáis al Country Hostel de Goreme, por lo visto ya tiene muy malas referencias en internet y en la misma oficina de turismo.

Estuvo muy interesante nuestra estancia en la estación, un hombre se enamoró un poco de mi compa y nos dejaba conectarnos a internet en su oficina allá, nos trajo pizza que nosotras compartimos con una familia afgana que también dormía allá…pudimos encontrar un couchsurfing y volvimos a Urgup, cerca de Goreme, aunque la verdad yo tenía ganas de irme de Turquia.

Mientras hacíamos tiempo para que el couchsurfer saliera de trabajar conocimos a dos tipos muy simpaticos, uno venía de vivir de Australia y parecía muy abierto, su sobrino era guapísimo y trabajaba con los globos pero no hablaba nada de inglés. Nos invitó a quedarnos en su piso nuevo, nos lo pintó muy bien, le ayudé a limpiar, hice una t12181063_10153378040547585_335719743_oortilla española, nos obligó casi a poner una lavadora y ducharnos…todo fantástico hasta que empezó a tocarme la cintura y a insinuarse demasiado. Yo fui muy clara con él, ya le había contado nuestras aventuras y desventuras pero el tipo estaba cada vez más pesado, pidiéndole permiso a mi compa para tener sexo conmigo y cosas así. En cuanto salió la ropa de la lavadora salimos volando de ahí, otra vez en la calle tiradas bastante desilusionadas con la humanidad, en especial la masculina.
Por suerte contactamos al couchsurfer a través del primer hombre con cara de buena persona que nos llamó con su movil y resultó ser una bellísima persona. No intentó nada sexual en la semana que estuvimos con él, se convirtió casi en un hermano, tenía hierba mate, una casa de lujo y una habitación privada con cama doble para nosotras.

Después de algo malo, -o después de un loco y un cerdo-, siempre viene algo bueno. Pudimos disfrutar de una vida casera por unos días, de  la increible naturaleza de Capadocia, hacer senderismo por el Love Valley, intentar vender algo en el Open Air Museum para comer aunque al tercer día no nos dejaron…pero como hacía mucho frío y nuestro ángel tenía huéspedes de airbnb a punto de venir decidimos irnos hacia el sur, dirección a Antakia, donde tengo un buen amigo que conocí en Cuba.

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El autostop fue muy bien, uno de los hombres que nos llevó insistió en darnos casi 20 euros para tomar un bus a Adana, que rechazamos al principio como siempre pero que nos cayó como agua del cielo pues estábamos peladas, así que seguimos con el autostop y lo guardamos para comida. En Nigde un buen hombre que no hablaba nada de inglés nos invitó a comer muchísimo en un bar, como no entendíamos nada nos trajeron de todo, carne y pescado. Nuestro intento de vegetarianismo flexibilizado al estado máximo, por necesidad y educación.

Un camionero excepcionalmente no pervertido nos dejó en una gasolinera cerca de Adana caída ya la noche. También nos quería invitar a comer pero no nos cabía nada ya. Hasta en la tienda de la gasolinera los chicos nos regalaron ensalada, queso y algo de pan al ver que dábamos 100 vueltas para comprar unas galletas para la cena.

Ahí cerca plantamos la tienda y dormimos bastante bien. Al día siguiente tuvimos un ride directo a Antakia con unos comerciales de camiones muy respetuosos, primero nos dejaron en Iskenderun  en la playa y después del trabajo nos llevaron a Hatay, directamente a la puerta del hospital donde el siguiente couchsurfer trabajaba.

Con Yunus, un estudiante de medicina, estuvimos un par de noches un poco apretadas en su minipiso de estudiante, dormiamos en su habitación en el suelo, pero al menos no pasamos frío. Aluciné con la vida megaocupada que tenía, pero el poco rato que pasamos nos reímos bastante.

Estuvimos casi todo el tiempo encerradas en el minipiso pues echábamos de menos una casa, menos un día que nos aventuramos a ir a Samandag, la playa a 30km. Fuimos en autostop, un buen hombre nos invitó a comer y encima nos dio dinero, otros 20 euros, otro camionero nos mareó llevandonos a su trabajo para luego intentar besarme y hacernos perder mucho tiempo, al fin pagamos un bus. La playa estaba llenísima de bolsas de basura, jamás vi algo igual, pero no por la gente sino que las trae el mar. Un hombre simpático nos llevo a las 2 en su moto, nunca había ido tres en una moto, y nos invitó a comer el mejor kunefe de la zona, que ya es famosa por los kunefes. (Un dulce muy dulce y muy bueno). Nos ofreció a quedarnos en los bungalows que tenía con su hermano, y dudabamos hasta que me llevó a un rincón para ofrecerme dinero por sexo. Aguanté el asco y educadamente le dije que no habían millones suficientes en el mundo para que yo tuviera sexo con él. Qué poco me conocen…

El fin de semana nos recogió mi amigo de Cuba con el que pasamos un par de días, aunque también estaba ocupadísimo con doble trabajo de profesor. El sábado como trabajaba también, me preparó un buen plan: irnos con su cuñado y sus amigos a recoger olivas, uno de mis trabajos voluntarios preferidos. Habíamos desayunado como reinas un desayuno turco-árabe y a las dos horas volvimos a comer con esa buena gente. Por la tarde fuimos al terrenito del cuñado a plantar, regar y ver el atardecer. Fue un atardecer muy especial, porque estábamos sólo a 2o y pocos kilómetros de Syria, tan cerca del terror y la guerra y sin embargo sentía muchísima paz. El resto del fin de semana estuvimos básicamente comiendo y visitando familiares pues parece algo típico de las familias árabes, la comida es lo más importante. Nos fuimos con un poco de pena, pero realmente estaban ocupadísimos, así que decidimos ir hacia Fethiye, a unos 800km.

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El primer chico que nos paró nos tomó un poco el pelo pues dijo que al día siguiente iba hacia Fetihye, pues quería ir a Estambul en coche, así que nos quedamos con él y su amigo en la playa de Iskenderun, fumamos shisha, nos invitaron a comer, nos llevaron de nuevo a Samandag…pero a la noche intentaron hacernos una encerrona, alquilar una habitación para los 4 en un motel, cosa que el dueño no permitió porque al parecer no podían dormir 2 hombres juntos. Quería encasquetarnos al amigo en la habitación pero yo no quería pasarme toda la noche en vela esperando a que el amigo se nos tirara encima, que por sus historias con las prostitutas en Etiopía y nuestras experiencias anteriores imaginé que no tardaría en hacerlo.

Dormimos solas pero al día siguiente no apareció ninguno a pagar, como habíamos quedado, así que tuvimos que pagar la habitación de mierda, 20 euros, y nos quedamos con 5€ y 30km más lejos de donde habíamos empezado. Otra vez desilusionada con los hombres y el mundo pero sin perder la sonrisa. Visitamos el Titus tunnel que nos habíamos perdido anteriormente (sin pagar, pues un viejito convenció al de la taquilla) y nos pusimos en marcha de nuevo.

¡¡Qué duro debe ser mujer en Turquía!!

Amo este país y la hospitalidad de su pueblo, pero no la represión sexual que hace que los hombres estén como hienas en busca de sexo. Pero es normal, según el amigo que fue a Etiopía, allí valía un euro que una prostituta se sentara con él, se sentaron hasta 16, mientras que en Turquía sólo sentarse a hablar con una vale 100 liras o euros no me acuerdo. Nosotras nos sentamos a hablar gratis, con simpatía y el corazón abierto, pero algunos quieren que además abramos las piernas!

 

Quería escribirlo todo hoy, pero sería demasiado resumido, pues todavía queda alguna película que contar.

Paz&amor!!

 

 

 

 

 

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