La fórmula mágica

Después de años pensando en cómo cambiar el mundo, por fin he encontrado la fórmula mágica.

CAMBIO = AMOR – EGO

Como siempre, todo es más sencillo de lo que parece, pero hay que tener algunas cosas en cuenta:

El cambio global es la suma del cambio individual de todas las personas. Cuantos más individuos cambien, mayor el cambio global. (Parece esto una clase de economía de la felicidad).

Por tanto, la revolución personal es indispensable para la revolución global; ahora sé que no conseguía nada cuando iba a manifestaciones con sobredosis de indignación y rabia, más que alimentar a mi ego. No construía nada, sólo quería destruir, ni que fuera el patriarcado y el capitalismo, con un trasfondo de buena intención. Tampoco podía repartir mucho amor, la otra variable indispensable de la fórmula, estaba al borde de una depresión, por vivir en un mundo que no me gustaba, la falta de sol en Inglaterra y el nulo contacto con la Madre Tierra.

Miro hacia atrás y sólo en mi vida veo mucho ego y poco amor, ya no hablo del exterior.Hasta el amor que intentaba dar a mi familia, amigos o parejas estaba condicionado y controlado por mi ego. Todavía tengo algo, no soy Jesucristo, Mahoma o Siddharta, pero al menos he aprendido a verlo.

Y ese ha sido uno de los mayores logros de mi aventura espiritual, TOMAR CONCIENCIA, especialmente de las consecuencias de mis actos.

Ese es el fruto de todas las meditaciones, retiros, talleres y lecturas de aura que he tenido la suerte de experimentar, sobretodo en La Tamaya.

El colofón fue un retiro de meditación muy intenso, la semana pasada, donde estuve dos días en silencio -más difícil que el semi-ayuno- me levantaba a las 4’30 de la mañana, y medité más horas que en mis previos 27 años de vida. Aún tengo dolor de rodillas, pero fueron unas vacaciones inolvidables hacia mi interior. Es sorprendente la cantidad de pensamientos inútiles que nos impiden disfrutar realmente del momento presente, que nos impiden ver con claridad.

También me he topado con un gran obstáculo: mi falta de fe, especialmente mi repulsión por la palabra “Dios”, que cada vez que alguien lo nombra me chirrían los dientes, quizá porque imagino a Dios como un viejo barbudo que come palomitas mientras ve como se destruye el mundo. ¿Será eso ego también? Quizá Dios es la unidad, la conciencia colectiva, el universo, energía…

Sea como sea, el equilibrio es fundamental, -en este caso entre lo espiritual y lo terrenal-, el “bien” y el “mal”, el Yin y el Yang.

Así que este fin de semana en vez de hacer talleres, fui a una fiesta, comí una paella buenísima con algo de marisco y carne (dando las gracias y pidiendo perdón a las gambas y al pollo) cayó alguna Cocacola con ron, me reí hasta llorar e incluso he disfrutado la resaca, cocinando con amor y actualizando el blog.

No puedo pedirle más a la vida, le doy las gracias cada día y sonrío de corazón.

Todo suena maravilloso, pero en realidad mi cambio personal no puede afectar mucho en la sociedad, y si nada cambia a nivel global me acabaré sintiendo mal y egoísta en mi burbuja chupi-guai.

Por casualidad…

…¿te apetece cambiar el mundo?

Si la respuesta es SI, apaga el televisor, el móvil, el ordenador (ni que sea 30 minutos). Siéntate cómodamente con la espalda recta, cierra los ojos, para la mente (o inténtalo) y dedícate, como si fuera lo más importante en el mundo, a observar tu respiración.

Ahora sí:

             WELCOME TO THE REVOLUTION 🙂

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