Leer, sentir, crecer

Leer, sentir, crecer

Hacía tiempo que no tenía esta sensación: las manos temblorosas, un hormigueo insistente en las piernas que me obliga a tumbarme, mi corazón latiendo con fuerza hasta casi doler. Está creciendo.
Me levanto, me mojo la cara, me vuelvo a sentar para intentar escribir esta nube de sentimientos. Y todo sin moverme de la casita centenaria.
La gente que no lee difícilmente entenderá estas palabras.

¿Puede un simple libro desequilibrar tanto emocionalmente, hasta dejarte sin aliento?

Mucho más que eso. Un libro puede hacerte pensar, soñar, crecer, evolucionar drásticamente. Puede llevarte a mil lugares, imaginaria y hasta realmente.

“La mujer habitada” es otro de esos libros que plantaron otra semillita en mí. Yo no soy así de casualidad, ¿que creíais?

Ya me han dado ganas de conocer Nicaragua. Hasta de irme a la guerrilla si la situación fuera tan drástica.
Pero no es el único. Los libros infantiles que cada semana me compraban mis padres cuando me llevaban al Pryca me enseñaron a soñar. Los que leí de adulta, a hacer mis sueños realidad.

La voz dormida” sembró mi semilla republicana, “La economía de la felicidad” me hizo una economista social, Lucía Etxebarría diría que me empujó un poco a Brighton, aunque en principio era Edimburgo, y hasta amplió mi curiosidad por las mujeres y la vida. Isabel Allende me enseñó historia en forma de bonitas fantasías, “Desinformación” me abrió los ojos ante la manipulación informativa, además de querer saber más sobre la verdadera Cuba, que finalmente conocí . Un libro de testimonios de niños de Israel y Palestina me hizo derramar las lágrimas de un año entero en un sólo día, y me enseñó las consecuencias de los lavados de cerebro por parte de los poderosos y la importancia de la convivencia y la comunicación entre dos pueblos artificialmente “enemigos”.

Probablemente se me olvidan muchos, a veces sólo me quedo con una sola frase de un libro entero, a veces no los acabo si creo que no valen la pena. Y por supuesto no todos los libros me influyen igual, ni me volvería Nazi si leyera el Mein Kampf.

Un libro es casi como una persona: para sentir, aprender y disfrutar al máximo, elegir bien es lo principal.

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