Recuerdos de Brighton

Cada mañana, a las 7 en punto, subía a la 6ª planta, siempre cansada tras toda la noche en vela. Abría la puerta con el mejor “Good Morning!!” que podía entonar y ella me contestaba con una gran sonrisa desde su silla de ruedas, ya preparada para la ducha. 

Mientras enjabonaba, aclaraba y secaba con suavidad su piel de bebé octogenario, repasábamos la actualidad y hablábamos de todo tipo de temas. Ella ferviente cristiana, yo ferviente atea, las dos de buen corazón. Yo le explicaba a qué acto o a qué manifestación iba a ir, mis viajes…y hasta mis amores, aunque nunca me atreví a confesarle que el “afortunado caballero” que me esperaba en España no era exactamente tal, porque padecía del corazón.

Nunca tuvo hijos, pero trajo muchos bebés al mundo, era comadrona de profesión. 

Aprendí mucho de ella, incluso a respetar más la religión. A servir té con estilo, ser más educada y agradecida -de sus cien “thank you’s” diarios algo se me quedó-.

Muchas veces se preguntaba, ante mi sonrisa silenciosa, cómo una chica tan dulce y buena podía llamarse a sí misma comunista. Creo que al final lo entendió. 

Antes de volverme a España le di la mano por última vez, con el corazón encogido; había estado un tiempo largo en el hospital, y luego en una residencia temporal “para recuperarse”. Hablé con mi jefe indignada para que la sacaran de ahí, rodeada de soledad, olor a muerte y orín. No se merecía acabar su vida ahí.  

Hoy, tan solo un mes después, recibí la triste noticia.

No voy a poder ir a su funeral, pero prefiero recordarla con su sonrisa llena de bondad. 

Digan lo que digan, trabajar cuidando personas, y más si son buenas, es algo que el dinero no puede pagar.

 

 

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Un comentario en “Recuerdos de Brighton

  1. En mi opinión … las personas buenas se entienden y en esencia buscan lo mismo …. realizarse como persona y bajo los mismo valores … que se resumen con una palabra ….. la “empatía”.

    Por eso creo que es fácil entenderse y llevarse bien cuando las personas son así. Los distintos matices … (creencias, gustos) no importan tanto. De ahí que por ejemplo una ferviente atea 🙂 y una ferviente católica se lleven muy bien …. esas diferencias se dejan a parte… al final lo que queda es la esencia de cada uno

    Que descanse en paz tu amiga.

    Roberto … un madrileño brightoniano ..jejejejje

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